¿Más marchas, en serio?

¿Más marchas, en serio?

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Foto: diarioadn

Por Sebastián Paris
@Lenfert

La triste realidad de Colombia es que como ciudadanos tenemos la ingenuidad de pensar que podemos hacer manifestaciones sin violencia –esa es la primer inocentada, creer que todos marcharemos como teletuvis sin que nadie se aproveche del caos-.

Creemos que aquella protesta “sin violencia” ejercerá presión al estado y generará interés en: medios de comunicación que se encargarán de difundir al mundo la desgracia más infinita por la que estamos de píe, bajo el sol o la lluvia, bajo la miseria o la injusticia, con la simple idea de transformar el país en el lugar donde merecemos vivir.

Medios masivos que pensamos nosotros, presentarán de forma periodística el conflicto como un titular más, acompañado de Carlos Vives ganó un Grammy. Aunque es entendible que como seres humanos siempre guardamos la esperanza.

Sin embargo, hacer una marcha para exigir seriedad a las directivas de un equipo de fútbol, y que aquella manifestación convoque a muchas personas más que la protesta por los derechos animales o por el apoyo estatal del estado a las artes en la ciudad, es más que sólo ingenuidad, inocencia, o esperanza. Es una aberración para nosotros mismos. Es decir: “Hola, soy caleño y ver jugar a mi equipo del alma en la categoría superior de profesionalismo es más importante que crear cultura, conocimiento y mantener abiertas nuestras bibliotecas”, y eso, que en realidad esa es una expresión de alguien decente que sabe hablar, porque yo diría algo más cómo: “La pasión de futbol es más importante en la ciudad que esas mierdas culturales que enriquecen el conocimiento y la tranquilidad”.

Y aunque el fútbol también sea un evento cultural, de costumbre y deportivo, que ejercita la mente y el cuerpo de quienes están en el campo o trabajan para el deporte, no es más que un entretenimiento básico para el resto de los mortales, como el reggaetón en una discoteca o los realitys de comida en los canales privados, donde ni siquiera tienen la delicadeza de crear contenidos auténticos.

Puede ser que las personas en general tengan sus razones para marchar, y el hecho que aquellos movimientos de protesta tengan mayores convocatorias que otros temas de interés general, debe ser un asunto a evaluar para la comunidad.

¿Es en realidad esto necesario? ¿Necesitamos hacer marchas para ser escuchados?

Colombia es uno de esos países que las protestas no son como en Siria o alguna parte del oriente medio, donde los cohetes caen en las cabezas de los niños. No. Colombia es un país donde las protestas se gestionan por Facebook, Twitter y aquellas imágenes capturadas por todos los pseudofografos de Instagram, con algún filtro y algunas palabras heroicas.

Las marchas, déjenme decirles, están hoy en día, (en un país como el nuestro) un poco sobrevaloradas. Es probable que me equivoque, pero creería entonces que a muchas personas de este país nos falta aprender a qué deberíamos darle verdadera prioridad. Prioridad que podría entonces, cambiar el lugar donde vivimos…

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