Minga pa’ca, minga pa’ya

Minga pa’ca, minga pa’ya

La semana pasada Colombia vivió un momento histórico, una “minoría” – que ya demostraron que no son tan minoría – se movilizó en contra vía de la tendencia del país hacía la radicalización de la guerra y al reconocimiento de los derechos de un grupo importante de la población, no sólo en términos territoriales sino culturales. Es decir, los indígenas que se movilizaron, una porción de 60.000 personas (esa es la cifra oficial pueden ser más), no están de acuerdo con eso en lo que “supuestamente todo el país esta de acuerdo”: la seguridad democrática.

Y ¿Por qué este grupo minoritario no esta de acuerdo con el presidente más popular y mas capaz de la historia de Colombia? ¿Por qué mientras caminaban gritaban en coro: Uribe paraco, el pueblo esta berraco? ¿Por qué traían pancartas pidiendo que gobiernen las putas? Las respuestas están en el mundo rural – no la Colombia convencional, esa de los centros comerciales, las discotecas, los días del amor por comprar y la amistad por interés o los parqueaderos de las Universidades privadas – la Colombia real, la del día a día, la del campesino entre la espada del Estado y el puñal de los barbaricos grupos armados; la de los indígenas y sus propósitos de vivir en comunidad en medio del olvido y el desconocimiento de sus tradiciones ancestrales por parte de un gobierno que si bien propone planes de salud, educación y seguridad para estas comunidades, parece no tener en cuenta la biodiversidad cultural a que ello atañe, en términos científicos: ausencia de políticas culturales.

El problema, y lo que hace más histórica la movilización indígena, no es de este gobierno, no se preocupen, el problema es cultural. Tanto usted y yo, como cualquier ciudadano que por la divina providencia pudo levantarse con tetero todas las mañanas, juguetes de fisher price, viajes a Cartagena y finca de veraneo; fuimos educados con la triste visión de que los indígenas son pasado, que son atraso, que no corresponden a este tiempo. Por eso, cuando uno escucha hablar de las arbitrariedades cometidas por este gobierno contra los indígenas en diversas zonas del país, la respuesta es que hay que hacer un sacrificio para salir de la crisis. Claro, eso es muy fácil decirlo cuando a lo mucho lo que puede sucederme en la calle de mi ciudad es que me roben el equipo del carro, a diferencia de unas comunidades que conviven día a día con el conflicto. En síntesis, lo que nunca nos enseñó nuestra arcaica sociedad es a ponernos en el lugar del otro, en ser capaces de mirar más allá de nuestro ambiente social. Recuerde esta palabra desde hoy y siempre: BIODIVERSIDAD.

Sin duda, los factores simbólicos que deja la movilización se basan en una concepción de marcha pacifica como elemento de protesta y descontento, lo que leí deja al país varias lecciones. Lección entonces, para una guerrilla que no propone sino que destruye, para un paramilitarismo que se adueña de todo lo que encuentra en su camino, para un gobierno que todavía cree que las cosas son solo estadísticas y popularidad, lección para los medios de comunicación – RCN hizo una cobertura mayor de los desastres del huracán Iván en Alabama, supongo que para ellos ese trágico hecho es más importante – que tuvieron que virar sus ópticas de mercadeo hacía un hecho de paz, lección para una opinión publica hipnotizada por el encanto de su presidente, lección para los políticos que se dieron cuenta que la movilización era más un medio que un fin, lección para el mundo y su visión positivista del futuro.

“Y TODAVIA NOS ATREVEMOS A DECIR QUE ELLOS SON LOS ARCAICOS”

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