Miss Colombia: El universo de la bobada

Miss Colombia: El universo de la bobada

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Por Luis Gaviria
@luisgaviria226

“En Colombia este reinado es igual de importante que el Mundial de Fútbol”, fueron las palabras de Paulina Vega deslumbrada aún por el título que acababa de ganar, el de Miss Universo, minutos después en una rueda de prensa. Y aunque algunos salieron al paso a decir con boca llena que hacer esa comparación era absurdo, no podemos negar que vivimos en una tierra de reinas. ¿Acaso nos hemos olvidado que somos el país que más reinados tiene en el mundo y que por cada fiesta, festival o verbena hay una elección y coronación de algo? ¿Y que cada producto alimenticio tiene su embajadora de la belleza, bien sea del sector agrícola, pecuario o industrial? Por ahí deben estar poniéndole  en este momento en la cabeza la corona a la reina del masato y dándole el cetro real a la señorita mamoncillo 2015-2016.

No voy a criticar a la nueva Miss Universo, tal y como lo han hecho la gran mayoría de colombianos por las redes sociales; no voy a juzgar su intelecto ni sus respuestas flojas, puesto que ella no fue coronada por el tamaño de su masa cerebral. Aún no comprendo por qué la gente no ha entendido que sólo se trata de un concurso de belleza, es decir, en el que una cara bonita y un glúteo tonificado son las herramientas para competir. Si la reina al final termina siendo una bruta eso en realidad no importa, puesto que las campañas publicitarias lo que buscan es a una mujer atractiva, calladita eso sí,  pero atractiva.

Qué difícil debe ser para una joven de 22 años tener que vivir una vida que se resume en estar linda todo el día, mientras se soporta la hipocresía del Jet-Set, tan lleno de lagartos y de gente que no tiene nada mejor qué hacer; sonriéndole a cuanto fulano se le pasa por el frente y teniendo en la boca una frase bonita de pensamientos bonitos siempre, todo para satisfacer a una prensa que ya le ha averiguado hasta cómo huelen sus pies sudados en ese afán molesto de querer obtener “todos los ángulos de la noticia”.

Qué harto debe ser no poder salir a la calle desmaquillada, tener que andar en tacones todo el día, decir en cada entrevista que su sueño es la paz mundial y el no poder embutirse de vez en cuando una empanada esquinera, porque “¡ay qué oso!”.

Eso de que ¿sirve Miss Universo para algo? No interesa, la mayoría sabemos que no, pero tampoco es para rasgarse las vestiduras. La culpa de los problemas del país no la tiene una jovencita cuyo contrato la obliga a  sonreír cada dos segundos, y mucho menos su costosa corona; la culpa es de nosotros, un pueblo ignorante que elige mal a sus representantes, que se burla de la estupidez de una reina nerviosa pero que nunca coge un libro o se preocupa por prepararse académicamente. Pero lo que sí es cierto es que de alguna manera ese triunfo nos emociona y pone en evidencia ante el mundo que las mujeres de nuestra nación son hermosas (no aplica para Paloma Valencia y María Fernanda Cabal) y que a pesar de esa imagen mafiosa que tanto nos alegra impulsar con nuestras narconovelas, somos más los buenos que sueñan y anhelan la paz.

La única enseñanza que me deja este triunfo de Paulina Vega es que nuestro país se lleva la corona de la doblemoral. Hace algunos días se levantó el escándalo más pendejo por el asunto de Miss Tanguita, que volcó a los medios de comunicación a una purificación mediática en donde todos los líderes de opinión argumentaban que los reinados vulneraban los derechos de las niñas y de las mujeres por situarlas en la vitrina del objeto sexual, porque al parecer eso de desfilar en traje de baño es perverso, ¡pero a Paulina el cuerpo se le veía di-vi-no en ese bikini!

De seguro la mujer más bella del mundo aprovechará este cuarto de hora y tratará de sacarle el máximo provecho, bien por ella. Mientras tanto nosotros seguiremos esperando a que se corone otra Miss que nos haga reír con sus respuestas bobas, para olvidarnos por un momento que la verdadera reina de Colombia es la desigualdad social.

 

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