Moda global, iconos iguales: Copiar nunca fue un problema

Moda global, iconos iguales: Copiar nunca fue un problema

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Fotografía tomada por Nathaly Mancera

Me ha pasado ya en tres Semanas De La Moda, por lo menos las de Latinoamérica: veo a niñas pretendiendo ser las nuevas Olivia Palermo, la nueva Miroslava Duma, la nueva Chiara Ferragni. Pero todas obedecen al mismo patrón: Crop top, falda midi, cabello liso y perfectamente peinado con raya al medio, pequeño mini sobre y maquillaje “natural”. Así han conquistado audiencia con sus blogs, pero realmente son sólo una copia de la copia en aquello del estilo personal.

No las culpo, pero sí les critico su falta de imaginación, sobre todo cuando ya estamos en una época donde existen tantas influencias a nivel global. Quizás sea porque la ropa que ahora se vende obedece a los mismos patrones en todo el mundo y por qué no, el miedo a innovar.

Cecil Beaton, el gran socialité y árbitro de la moda de comienzos de siglo pasado, decía en 1954 que tratar de ser “único” era la cosa más común y masiva del mundo. Seguramente lo vaticinó al ver que uno de los sostenes de la moda y la industria en general es precisamente vender esto y hacer que cada uno se sintiera “especial” y “distinto” usando un accesorio que probablemente 50 personas más usarán en su contexto sociocultural. Y con esa historia hemos llegado hasta estos tiempos, en el que ser “normal” (normcore) es lo aceptable, pero sólo es otro truco de las tendencias para hacernos creer que reflejan perfectamente el sentir de nuestro tiempo.

Increíblemente, aunque la moda capta este zeitgeist, sólo pocos, como en la época de Beaton, llegan a ser inspiradores. Y no sólo los que pueden procurarse la nueva colección de Chanel: también aquellos que sí se salen de los cánones y que muy a pesar de la “aceptación” que han tenido algunos cuerpos y formas distintas, son juzgados simplemente por llevar la imagen a un nuevo nivel. Esto lo puedo ver cuando se burlan alguien muy parecida a Yolandi Visser, la cantante del grupo sudafricano Die Antwoord. Se sigue juzgando como si todavía estuviésemos viviendo a comienzos del siglo pasado.

Pero esto también viene de contextos particulares, sobre todo, cuando es tan marcada la visión masculina sobre la belleza del sexo opuesto. No nos digamos mentiras: ésta es muy básica y limitante y en Colombia la que no tiene pelo largo, curvas, jean o tacones altísimos, no califica.  Yo tengo el cabello corto y suelo ponerme tonos de labial extraños, lo primero que me advirtió mi familia era que jamás conseguiría a alguien con esta apariencia y algunos obtusos me han dicho que tengo “cara de hombre” o “cara extraña”. En Inglaterra o Estados Unidos jamás me dirían algo así, pero aunque me parezca halagador (porque yo amo todo lo que se considere así), también me parece aterrador, ya que esto me demuestra que ni en Colombia ni en la mayoría de Latinoamérica se dejará un estereotipo que les ha dado tantos puntos (con todo lo sexista que suene) en el imaginario mundial, pero a su vez, una concepción bastante aburrida de lo que puede llegar a ser una mujer. Quizás esas son las píldoras que nos da la moda para reflejar un espíritu de cambio, pero que a su vez, sí que reflejan los tiempos de hoy: falta un montón de años para conseguir verdadera pluralidad en lo que consideramos bello y mucho mejor, especial.

 

Escrito por Luz Lancheros @LuxAndLan

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