Nicolás Gaviria no sabemos quién es usted y no nos importa

Nicolás Gaviria no sabemos quién es usted y no nos importa

Por Luis Gaviria
@LuisGaviria226

Ni el título universitario, ni la posición económica, ni la fama, ni mucho menos pertenecer a una familia de apellido importante le otorga a una persona el poder para pasar por encima la ley. Pero pareciera que algunos personajes que pertenecen a una élite social alta no les enseñaron esto cuando estaban aprendiendo en sus universidades puppy.

Lo del caso de Nicolás Gaviria simplemente deja entrever que en nuestro país el poder de la palanca puede más que cualquier cosa, y no sólo cuando se necesita evadir a las autoridades, lo que es peor, pareciera que somos una nación llena de arrodillados.

Todos sabemos que para poder prosperar, ascender y obtener un cargo, entre muchas otras actividades en Colombia, es necesario estar dentro de la rosca (lo peor de la rosca es no estar en ella). Una rosca perjudicial que ha llevado a que los favores estén por encima del talento, permitiendo que la mediocridad impere en todas las instituciones públicas o privadas a lo largo y ancho del territorio nacional.

Nicolás Gaviria es tan sólo una muestra de ese arribismo de la clase social alta colombiana que se cree con el derecho de hacer lo que se le da la gana cuando quiere. Un comportamiento digno de princesas Disney. Pero eso sólo pasa aquí, porque en el extranjero las leyes son duras y los policías arrestan a la gente hasta por toser.

¿Por qué allá los Colombianos sí cumplen con las normas y aquí no? Simple. Porque en Estados Unidos o en una Inglaterra, no somos nadie, somos “inmigrantes latinos”.

Pero la culpa no la tiene el Jet Set colombiano, no, ni la crianza de los hijos de papi y mami, ni sus cocteles y ni siquiera sus portadas en la Revista Aló. La culpa es de nosotros que los hemos endiosado no sé por qué, como si su plata o sus apellidos rimbombantes los hicieran mejor personas que el resto de la gente.

Lo de Nicolás Gaviria en realidad es una pendejada comparada con lo que han hecho los primos Nule, una familia de “bien” que está pasándose por la galleta a la justicia. Y qué decir del caso del Senador Merlano que creyó que su investidura lo hacía invulnerable; de los amigos del desaparecido Luis Andrés Colmenares, que por ser chicos play se están salvando de la cárcel,  los ladrones de la millonaria estafa a Interbolsa y la volada de Andrés Felipe Arias . Todos ellos gente “bien”, gente intocable.

¡Ah! Pero si la cosa fuera con  un ciudadano del común como usted o como yo, que medio cometiera una infracción, hasta nos darían cadena perpetua. Nada más triste que recordar el caso del señor que se robó una vez un caldo de gallina y por poco lo extraditan.

No estoy diciendo que ningún delito es menor o mayor que otro, y que no se deba castigar de alguna manera a los que los comenten. Mi posición está en que la justicia debe (o debería) ser imparcial y no dejarse manipular por la posición o por el apellido de una persona. Todos tenemos igualdad de derechos y de la misma forma responsabilidades con nuestra comunidad y nuestro país.

Ahora bien, que esto sirva de ejemplo para aquellos que creen que la gente con plata está por encima de los demás, y que la decencia, la honradez y el honor dependen de nuestro estrato. La educación y los valores no los da el tener una cuenta bancaria a rebosar, ni tampoco el haber nacido en una cuna de oro. Señores, estamos en una democracia, no nos dejemos amedrantar por aquellos que creen y quieren ser dueños de todo. Así que  si alguna vez nos topamos con alguien que use esa frase de “¿usted no sabe quién soy yo?”, respondámosle “sí, una persona que también come y caga como todos”.

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