Porno miseria del trabajo en Colombia

Porno miseria del trabajo en Colombia

Foto: evaluamos.com

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Por Juan David Garzón
@Juandescribe

Tal vez la palabra trabajo puede resultar elegida en una encuesta nacional, como el término más reproducido por los colombianos a lo largo y ancho de nuestra corta historia como estado democrático; claro, seguido de paz, futbol, corrupción, Uribe hampón de cuello blanco… (Perdón, me faltó una coma entre la persona mencionada y la acción, hay sinónimos complicados de separar) y café.

Y eso no es coincidencia, el trabajo ha sido el arma de los políticos para ganar indulgencias en todo tipo de elecciones sin importar su nivel de relevancia nacional; también el trabajo ha sido una de las armas de chantaje más grandes por jefes hijos de madres poco seguidoras del conducto regular monógamo; ha sido la fuente de ingreso o pobreza dentro de una sociedad sin auxilios del gobierno en carencia de él y ha generado o la debacle, o el éxito muchas veces de la unión en amor en los hogares (recuerden, cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana).

Desencadenando esto, como era de esperarse, conseguir trabajo se convirtió para las nuevas generaciones en una lucha de esta selva de cemento. Y no, no se crean, no por la capacidad de los “competidores” o lo imposible de tener experiencias de años si nadie da la oportunidad de ganarla, la batalla es con las mentiras de los supuestos “empleadores”, los salarios injustos en sus proporciones horas/sueldo y la esclavitud del siglo XXI llamada “call-center”.

Este mercado emergente que desde 2013 o antes en nuestro país (según Portafolio) representa un negocio de 2 billones de pesos anuales, ha sido en parte la bendición más maldita para la gente sin experiencia de trabajo y con grandes sueños. Desde centros de recibo de llamadas europeas que inhumanamente aglutinan gente como pollos en un piso y que los apuntan con horarios infinitos por un mínimo, pasando por esas agencias “cool” con pocas horas de trabajo, pero con objetivos extraños para sus trabajadores como sacar el mayor número de NÚMEROS de tarjetas de crédito de la gente en otros países para “venderles” planes de viaje. Hasta los famosos “NO SON VENTAS” que salen en los periódicos y que te invitan a llamar y preguntar por el Sr. Cepeda, Sr Bryan, Sr Alfonso, etc.

Todo esto, como ya lo dije, ha generado que en busca de la mejora de la situación económica de las nuevas generaciones, muchas veces se vean obligados a pelear y aceptar salarios miserables, condiciones fraudulentas y situaciones que acaban la salud de cualquier persona (joven o vieja) en busca de cumplir sus sueños de estudio o de vida. Pero, ¿dónde está la autoridad, sea Policía Nacional o entidades gubernamentales, competentes que vigilen la legalidad y justicia de la porno-miseria en los trabajos del siglo XXI?

Y sí, seguro muchas personas pueden decir que cada uno tiene la potestad de tomar o no un ofrecimiento de trabajo en estos lugares. Mi respuesta está explicada en una sociedad que no brinda oportunidades en abundancia y de calidad para elegir la mejor opción, explotando las aptitudes y actitudes positivas de cada uno, sino más bien, es aquella que te presiona a producir en condiciones imposibles y con remuneraciones miserables.

Amo a mi país, pero así no se construye país.

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