Porqué Garzón y no Uribe ni Serpa

Quiero expresar algunas de mis opiniones sobre lo que significaría nuestro voto por Uribe, Serpa o Garzón las próximas elecciones presidenciales.

Debo empezar diciendo que Álvaro Uribe es un tipo serio, preparado y con una gran capacidad de gestión. Perfiles como esos le hacen falta al sector público colombiano. Le serviría muy bien al país Uribe en la dirección de alguna institución o empresa pública colombiana pero no en la presidencia. Son muchas las razones que me animan a no votar por Uribe pero por cuestiones prácticas aquí voy a tocar sólo algunas de ellas. Ya algunos columnistas han expresado claramente los riesgos más visibles de su propuesta presidencial. No me referiré aquí sobre las graves afirmaciones que lo vinculan a los paramilitares e incluso al narcotráfico pues seguramente la mayoría son parte de una guerra sucia entre las campañas. Pero a mi verdaderamente me preocupa que Colombia tenga un mandatario como Uribe en estos momentos de nuestra historia. Estas tres ideas respaldan mi posición:


– La gente tiene una gran ilusión.

Dicen por ahí que “no hay desilusión mala, porque no hay ilusión buena”. Me entristece que los colombianos caigan de nuevo, después de las elecciones, en la desilusión y la frustración por seguir sólo instintos emotivos a la hora de votar. Es posible que la actual ilusión de que Uribe nos solucione los problemas sea alimentada por el tono triunfador y salvador del candidato. O lo que es peor, que se deba simplemente a la ingenuidad y desinformación de los colombianos que creen que con la guerra total, primero acabaremos con la guerrilla, y por ende se acabarán todos los problemas del país. Estoy convencido de que por más eficiente que sea Uribe ni acabará con la guerrilla a punta de bala ni los problemas del país se acabarían liquidando todos los insurgentes (en su mayoría campesinos y ciudadanos iguales a los soldados y paramilitares que sólo acatan órdenes). Es cierto, las soluciones simplistas son mera ilusión, los problemas del país son más complicados y no se solucionan con más violencia. La guerra sólo la agrava, los datos y estadísticas en el país lo demuestran.


– No nos haría nada bien un gobierno totalitarista.

Su semblanza sobradora y su perfil de gerente propietario y jefe único me dejan percibir unos deseos enormes de manejar este país a su antojo. Su discurso es casi siempre en singular y yo no sé como va a hacer pero si los colombianos lo elegimos presidente, el 8 de agosto a primera hora le va a tocar multiplicarse porqué según él va a estar en todas partes (bueno, ya se ahorro el viaje al Caguán). A Uribe se le percibe como casi un superhéroe y lo que necesita el país son equipos de trabajo incluyentes, convergencia de ideas y amplitud de criterios para buscar salidas que favorezcan a las mayorías.


– Usar la fuerza en vez del diálogo es privilegiar el fusil sobre la palabra.

Su voz en vez de incitar a la paz, la reconciliación y la convivencia inspira rabia y afán de venganza. Pensar en la fuerza y la represión para restaurar la democracia es colocarse en la misma lógica de quienes creen que a través de las armas van a lograr un país más abierto y participativo. Su propuesta de organizar en resistencia civil a un millón de colombianos “no necesariamente desarmados” no sólo es alarmante sino que abriría paso a una tendencia de buscar la seguridad ciudadana a través de la vigilancia, la supervisión, el control bélico y el miedo. Iría esto en contra de la libertad, la institucionalidad y la democracia, pues los más fuertes tendrán su manera particular de solucionar sus problemas.

Ahora, un gobierno de Horacio Serpa lo más posible es que nos deje en el balance menos muertos por violencia política pero el panorama general del país no cambiaría mucho:


– El congreso seguiría siendo una gran mesa de negociación y de reparticiones.

Con todos sus vínculos con la clase política tradicional y sus compromisos con el todavía partido mayoritario no me imagino la cuenta debito de Serpa. El sistema político tendría pocas modificaciones reales y se seguiría abriendo paso a las pequeñas minorías que hacen fila con privilegio para entrar en el círculo que maneja el país.


– Serpa es directamente corresponsable de esta crisis.

Es admirable la carrera política de Serpa y es respetable su opción desde muy temprano de tomar partido, de vestirse de rojo y defender a sus jefes políticos por encima de todo. Eso es precisamente lo que le permite ser ahora el candidato oficial del liberalismo y asegurar los votos de la maquinaria. Sin embargo, nadie puede negar su corresponsabilidad en la crisis social y económica del país. Escoger a Serpa sería premiar todos los errores pasados del régimen bipartidista que han llevado a este país a la total inestabilidad y a más de la mitad de los colombianos a vivir por debajo de la línea de pobreza. La democracia no es sólo la posibilidad de que todo el pueblo llegue a las urnas sino la garantía de que ese pueblo viva en condiciones dignas y en igualdad de derechos.


– Corrupción y burocracia no mejorarían.

Los niveles de corrupción y la excesiva e ineficaz burocracia difícilmente serían disminuidos en un cuatrienio serpista. Serpa quiéralo o no, directa o indirectamente, es hijo y copartidario de estas dos. Corrupción y burocracia mal controlada son también factores de guerra en el país, son insumos de esa bomba de tiempo que ha llevado a la sociedad colombiana a esos niveles tan paupérrimos de calidad de vida.

Si me tocara escoger entre Uribe y Serpa definitivamente votaría en blanco.

Pero afortunadamente sí tenemos opción quienes creemos en una manera diferente de gobernar a Colombia, en la búsqueda profunda y decidida de la esquiva democracia y las formas innovadoras de hacer política. Lucho Garzón, y la convergencia de tantos grupos sociales y políticos alternativos e independientes, representan un voto por la sociedad en su conjunto por encima de las minorías que se han hecho poderosas con las armas o con el mal uso del poder público.

Lucho Garzón representa una fuerza refrescante sin ataduras ni favores políticos, sin deberle nada a nadie y sin más compromisos que los de cumplir su programa de gobierno. Su propuesta aboga por la reconciliación y la consolidación de una sociedad civil que le diga no más a la injusticia social. Propende por una sociedad organizada no para buscar soluciones por la fuerza sino en torno a la construcción pacifica de modelos de vida más incluyentes en los social, lo económico y lo político.

Lucho Garzón y su campaña me generan simpatía, confianza, entusiasmo y alegría. Su programa de gobierno no es un plan de marketing político sino un conjunto de guías para enfrentar los problemas del país desde la raíz. La propuesta de Lucho y del Polo Democrático se encamina en ver a fondo las causas y atacar los problemas que a través de años se fueron incrustando en la sociedad colombiana y que los gobiernos tradicionales no han querido enfrentar de verdad. Las bases de un gobierno de las características del que propone Garzón no pretenden quedar bien con la gente a través de obras y discursos con cifras maquilladas. Por el contrario, es un cimiento de largo aliento para garantizar un futuro mejor a las próximas generaciones de colombianas y colombianos.

Votar por Lucho Garzón, el número uno en el tarjetón, es votar por el resurgimiento del campo, por el desarrollo sostenible y competitivo del agro, por la búsqueda radical de alternativas al oscuro modelo económico neoliberal, por innovar la cultura política, por equiparar los derechos de sectores poblacionales antes olvidados, por unos servicios públicos dignos y porque la educación, la salud y la vivienda no sean un privilegio sino un derecho para todos.

Por eso, entre otras cosas, me la juego con Lucho Garzón y el Polo Democrático.


Información adicional:

– Web site de Lucho Garzón y el Polo Democrático: http://www.LuchoGarzon.com

Reflexiones sobre el voto útil (Opinión)
¿Porqué es útil el voto por Garzón? (Opinión)

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