Ser rico: lo que es y lo que se está siendo

Ser rico: lo que es y lo que se está siendo

El verdadero significado de ser una persona rica es ser algo más que la elegancia, un poco más que el buen vestir. Sería tener buenos modales como saludar a la gente; despedirse con un hasta luego, ser prudente, amable y respetuoso con el prójimo. Estas son algunas de las características que realmente identifican a las personas que se pueden denominar de clase alta, que viven una vida diferente a los demás por su misma condición: más social que económica.

Ser rico o pudiente, no significa simplemente atiborrarse de plata; bañarse en ella como lo hace Tío Rico, no significa vivir en los estratos más altos de la ciudad, de tener la casa con más salas y cuartos para hacer tumulto; engalanando la manzana (o mejor el barrio) con la vivienda más grande y descomunal, de tener una foto en un bar en el centro de Berlín, o tomando tequila en las playas de Cancún.

Pertenecer al nivel alto significa estudiar, estar en constante aprendizaje, ser sensible, conocer que la sociedad no es solamente Hard Rock Cafe London, saber que a pocas cuadras de la casa hay gente desplazada, hay mendigos, ladrones y ancianos abandonados; cada uno con una realidad diferente que tal vez justifique el por qué de sus desgracias. Ser una persona pudiente es una tarea que se cumple a largo plazo, implica construir un futuro en medio de muladares, significa reconocer los errores y aprender de ellos, significa conocer la historia; el por que las situaciones son así y como deben ser, ser crítico y constructor a la vez, en pocas letras; ser rico es ser inteligente y sensible (una tarea que hasta ahora ha sido difícil de entregar).

La realidad social que atraviesan los países latinoamericanos y en especial el que está ubicado entre el centro y el sur de Latinoamérica, es una prueba para saber que la palabra rico ha sido mal interpretada en estos tiempos. En las ciudades, el snob es tener un carro ultimo modelo, licor importado de los confines europeos y muñecas de silicona abordando el puesto de copiloto, abonémosle a eso, tener casa de lujo con ventanales enormes, tigres y leones furiosos en el umbral, fuentes de agua acompañando las sirenas apasionadas adornando el antejardín (tiene que ser fuera del perímetro urbano en algunos casos). Ese prototipo es el que se denomina como rico, el que puede rumbear los 365 días del año, el que “puede” disponer de la vida de los demás, el que tiene más de dos mujeres dispuestas a entregarse a la hora que sea, el que anda más rápido por las calles en su Mazda 3; dejando al costado el civismo que en algún momento nos caracterizó.

Ser rico es sabiduría y espiritualidad. Tomemos paradigmas de la historia, recordemos la historia del Budismo y del cristianismo, analicemos al Buda y a Jesús de Nazareth, estos fueron seres completamente desposeídos de todo tipo de materiales físicos, con vestiduras quizá no tan “barrocas” como están dibujados en los cuadros, ni tan gordo y feo uno, ni tan bonito el otro. Lo cierto es que cada uno se valió de la palabra para hacer acciones únicas, propias de seres que supieron que la riqueza está en la sabiduría y no en los palacios romanos y asiáticos.

Una de las tareas que nos encomienda la vida en estos tiempos, es cambiar la concepción de conceptos, mirar al pasado para recordar a las personas brillantes; a las que hemos olvidado en las hojas de los libros. Eso en parte suele suceder en esta era en a que todo se mueve a través de las nuevas tecnologías, en donde lo innovador no están avanzado como parece, ya que nos estamos volviendo máquinas de producir y consumir, opacando lo que nos hace diferentes a los demás seres vivos: la razón.

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