Sobre la paternidad colombiana

Sobre la paternidad colombiana

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Por María Camila Trujillo Vargas
@MariacamilaT

Ejemplo clásico de paternidad colombiana: se conocen, salen un tiempo, se juran falsa fidelidad,  tienen relaciones sin protección, no hay garantías para que se realice un aborto eficiente, continúan con el embarazo, nace el bebé, el tipo desaparece y alega que no tiene cómo mantener al recién nacido, lo visita esporádicamente, omite que el chico se viste, come, estudia, y luego se sorprende cuando éste crece y no le demuestra  afecto.

Por su parte, la madre trabaja para mantenerlo y con el tiempo se da cuenta que instaurar una demanda de alimentos, asistir al juzgado de familia, esperar meses para lograr una conciliación con el susodicho y obtener finalmente una cuota económica, es un proceso tan engorroso que prefiere sacrificar su tiempo e ingeniarse la manera de suplir ambos roles de la paternidad ¿éste caso les suena conocido?

Si no es así, sepan que es más común de lo que parece. Colombia es un país con una tasa bastante elevada de madres solteras. A nivel latinoamericano, somos una nación que le huye a las responsabilidades y por eso, un aproximado 84% de nacimientos se llevan a cabo por fuera del matrimonio. Esa idealización de la “familia” como núcleo social que supuestamente tenemos y se defiende en los debates de la corte constitucional,  se desmiente constantemente con todos los casos de violencia intrafamiliar que se reportan a diario, con el abuso, la explotación y el maltrato hacia los niños.

Personalmente no estoy de acuerdo con la reproducción improvisada. No me explico cómo un ser humano puede ser producto del descuido y la insolencia de otros. Me indigna que sin tener en cuenta las condiciones del contexto, la gente vaya procreando como si nada pasara y luego se esté lamentando de la nefasta relación causal de sus actos. Claro está, para que esto suceda, se requiere un par de heterosexuales.

¿Cuál es entonces el embrollo con que alguien más quiera ayudar a resarcir un poco la desfachatez cometida y, contribuir con la crianza de un niño que fue abandonado por sus procreadores? ¿Acaso el sentido de la paternidad se reduce a un aspecto completamente biológico y todos esos susodichos (que no son pocos), mencionados al principio de este texto, que no responden ni moral, ni económicamente por los hijos que tienen, merecen ser llamados padres? ¿Las decenas de casos que se reportan de padres “heterosexuales” que violan a sus hijas, o las madres asesinas son entonces el referente que debemos tener?

Condicionar a una persona por sus preferencias, propender por una homogenización de género, sexual, reproductiva o ideológica no es propio de un contexto del siglo XXI. Pero esto somos los colombianos, un país que refuerza su identidad con superstición, arraigos injustificados, pasiones estúpidas  y modelos de vida obsoletos, que nos contradicen todo el tiempo como sujetos y que eventualmente nos harán avergonzar, cuando las generaciones que crezcan nos pregunten ¿por qué no fuimos capaces de construir un país en donde ellos pudieran vivir en paz?

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