Teletón: Cuando la mendicidad es televisiva

Teletón: Cuando la mendicidad es televisiva

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Por Luis Gaviria
@LuisGaviria226

Sé que cuando lean esta columna muchos de ustedes me van a tildar como el tipo más tacaño, miserable y sin corazón que puedan tener los medios de comunicación en el país. Sé también, que me va a caer un aguacero de críticas por lo que yo pueda opinar acerca de este evento, el que casi todos consideran es una de las cosas más nobles que podemos hacer como nación. Sin embargo, consciente de lo maluco que pueda resultar compartir mi posición, me arriesgo a decir que La Teletón es la cosa más absurda del mundo.

Empezaré diciendo que el lenguaje lastimero que se promovió durante toda la transmisión del evento de televisión fue ofensivo, tanto para las personas que no estamos en condiciones de discapacidad como para los mismos protagonistas de las historias pornomiserables capturadas en vídeo.

La Teletón nos hizo ver la discapacidad como la tragedia más grande del mundo,  y a las personas que la viven, como mártires a los que les debemos tener una compasión gigantesca. No estoy diciendo que estar en una silla de ruedas sea divertido o que perder un miembro en un accidente sea un chiste, sino que estamos errados en la forma de cómo nos referimos a las personas con discapacidad. No está bien en llamarlos “pobrecitos”, ni tenerles pesar; es una falta de respeto para con ellos y sus familias. Tampoco está bien llamarlos “discapacitados”, pues no lo son. Un ser humano creo yo, es discapacitado cuando está muerto, porque ya en ese estado literalmente no tiene capacidad para hacer nada.

No niego que me conmovieron las historias de vida que nos presentó La Teletón e incluso el ojo se me llegó a aguar con algunos de los dramas llevados a la pantalla chica, sin embargo, no pude evitar sentirme manipulado y asqueado de la manera cómo intentaron persuadir a la gente para que donara usando la voz quebrada de Iván Lalinde y la repetitiva frase de “somos unos malagradecidos porque tenemos piernas y nos quejamos” de todas las celebridades criollas.

Ahora bien, más allá de la tragedia y del río de lágrimas derramado por nuestros famosos de la farándula, está claro el oscuro aprovechamiento mediático y empresarial del evento. Para nadie es secreto, cuando una de esas prestigiosas empresas dona cantidades considerables de dinero, queda exenta de pagar impuestos, -platica que se usa si no es que se la roban antes, en cosas importantes como la salud y la inversión social-. También está claro que la publicidad ganada era una oportunidad que no iban a dejar pasar.

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Me pareció gracioso ver cómo esas grandes empresas se unían a la iniciativa. A La Teletón llegaban radiantes con sus cheques gigantes, mientras sacaban pecho por la bondad que les salía a raudales en esos numeritos de siete u ocho cifras. Cabe preguntarse ¿cuál de esas compañías da empleo en la actualidad a personas con capacidades especiales?

No obstante, lo que más me indigna y lo digo a boca llena, es el hecho que pensemos que la atención médica a las personas en condición de discapacidad depende de nuestra contribución con La Teletón. Esa responsabilidad recae totalmente en el gobierno que debe velar por el bienestar y la salud de todas las personas, sin ninguna discriminación.

Entonces, viene la gran pregunta, ¿cómo podemos ayudar a esta población? Sencillo. Eligiendo bien a nuestros gobernantes, haciendo veeduría para que los recursos de la salud no se los roben, denunciando cuando veamos irregularidades en esta materia y lo más importante: tratar a las personas con condiciones especiales como personas iguales a nosotros. La discapacidad no pide caridad, pide respeto.

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