Todos los años son viejos

Todos los años son viejos

“Tan tanan tanan tan tan tan“. Suenan las trompetas, duro los bongoes. “Siento una voz que me dice A—gú- zate…“. Esta es Cali, la dura, la bella, la de las modelos, la de la salsa, la del reggaeton, la del Exposhow, la de Carolina Cruz, la Cali que nació, creció y se alimenta de un valle encantado, donde sólo puede reinar el placer.

Una Cali mágica que alimenta una de las fiestas más alegres y desenfrenadas del occidente colombiano. Llega diciembre y con él la Feria de Cali. Mujeres, caballos, mujeres, toros, rumba, mujeres, trago, mujeres, y viejas buenas. Que viva la silicona, el derroche, los excesos. Se acabó este año, año desgraciado, año feo que sólo trajiste amarguras. Te vas porque así es, te vas y yo sigo. Yo sigo con esta rumba, aquí no me importa nada, nada de lo que pasó. El año nuevo me coquetea y me promete el cielo.

Se acaba y atrás quedan las deudas, los sufrimientos y las desilusiones de un año que siempre es de los peorcitos que tenemos. Llega diciembre con sus luces, sus canciones, sus arreglos, sus precios elevados, sus regalos, su esperanza. La esperanza de que todo tiempo futuro será mejor, de que estamos en tiempo de paz y recogimiento, de que el otro año habrá trabajo, de que el otro año no habrá que trabajar tanto, de que acabo de pagar el carro, de que me puedo endeudar por la casa, de que voy a tener plata, de que éste sí me voy de vacaciones, de que éste sí me gano la lotería.

Entonces todos salen corriendo de sus casas. Centros comerciales llenos, compras de navidad, regalos para todos, discotecas llenas, griles llenos, “la matica” sonando en la licorera, los bares llenos y el bolsillo vacío. Pero qué importa, es diciembre, época de gastar. Celebremos que el año se fue, que a lo mejor en el que sigue nos va bien, que a lo mejor dejamos de ser lo que somos y de lo que nos quejamos, dejamos esa parte de nuestra vida que odiamos, y nos convertimos en ejecutivos, en gerentes, en artistas, en empresarios. Porque en esta época todo puede suceder, todo lo que no fue ni nunca ha sido, el año que llega lo puede ser.

Entonces faltan cinco y cuatro y tres, y nos abrazamos y tomamos champaña, y vino, y guaro, y que retumben los equipos, y que se encienda el baile, y que dos y uno, y feliz año nuevo. Y una capa mágica, una neblina encantada baja sobre nosotros, nos coge abrazados, con maletas en las manos, con las uvas atrancadas, y ¡puffff!, se nos cumple todo. ¿Le ha pasado?

¿Champaña? Sí… ¿Música? Sí. ¿Baile? Sí. ¿Maletas y uvas? Sí. ¿Cambian?… NO. Nunca, nunca ha sido así y no lo será, nunca el año nuevo nos va a transformar así. Todos se preocupan por gastar lo que no tienen, por derrochar y regodearse en los excesos porque el año se fue, y ya vendrá otro, y ese otro con su fin de año también. Entonces no importa, no importa pasar 11 meses de mediocridad, de horrible rutina, de esclavitud, de gritos del jefe, porque llega el mes 12, y ahí sí, todas las penas se van.

Y así todos los años, y así siempre, siempre la cuenta vuelve y se pone en cero, entonces no hay problema… Ahh, sólo un pequeño detalle: cada vez estás más cerca de la muerte. “Agúzate, que te están velando“.

Comments

comments