Transmutación

Transmutación

Cambiemos el lenguaje. Que todo sea diferente. Que el mundo gire como un loco, y quede loco. Que digamos ventana y ventana sea ojo, y ojo espía legendario. Que digamos “lluvia sutil moja los campos”, y que lluvia sea, para nuestro asombro, luz de mostaza levantando sueños y semillas y cantos. No nos ciñamos mucho a la academia, y a sus “precisas descripciones”.

Las venas, nuestras venas, pueden ser calles grandes, atarjeas, incluso pueden ser pistas de baile, donde bulle la sangre que nos mece. Sangre que puede ser la gasolina, el gas propano, la mecha infaltable que mantiene en vilo nuestros cuerpos –y nuestros actos. Sangre que nos despierta, que nos da vigor para jugar al fútbol –o al ping-pong o a las cartas. Sangre que no se cansa de fluir insomne, de regar áridas partes.

Sangre que es pestaña de venero, sangre que es avión, sangre que es agua para el sediento. Sangre que chapotea, que resbala y llega claudicando, pero llega. Sangre que cruza lodos invencibles. Sangre que delira, que canta, que arde. Sangre grímpola gallardete de begonias rojas y alabastro. Sangre que es boleto para asistir al cine de don Tiempo, con los ojos cerrados y felices, con las ganas hirviendo hasta los techos. Sangre que es luna ventilando sombras, sangre que es metal, sangre que es árbol derribando espacios.

Sangre que, sin ambages, siendo justos, eres tú.

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