Vacaciones

Vacaciones

En las universidades, los segundos semestres del año terminan con la navidad y más de un mes de vacaciones, excepto para los que les toca hacer curso de verano, práctica o el año rural. Para el resto es una época de cambio total, muchos mandan hojas de vida a los almacenes para hacer una platica para la pinta de fin de año, otros aprovechan para adelantar la tesis, los flacos y las gordas se meten al gimnasio jurando que en un mes van a hacer algo, pero la mayoría se dedica a no hacer nada. El escenario de los parques, calles y centros comerciales cambia por esta época desde las 10 de la mañana con una gran presencia de jóvenes, que se parchan en muros para dejar que el tiempo pase, al ritmo de “melomerengue”, natilla y los típicos planes familiares con visita de los primos.

Nos da un gran desespero pasar de una época de tres semanas de exámenes finales, largos trabajos y jornadas de ruego a los profesores por la nota definitiva en la universidad, a literalmente no tener nada que hacer. La televisión ayuda los primeros cinco días, luego uno se mama de ver enlatados (sufren más los que no tienen cable); nos repetimos todo el arsenal de películas piratas de los amigos y una mediana solución son los martes de cine. Pero esta situación día a día se pone más harta, sobre todo porque en vacaciones uno no se vuelve a encontrar con nadie de la universidad. La vaina es tan complicada que pasados escasos 20 días uno ya quiere entrar de nuevo a clases.

Siempre los mejores amigos de uno se van de viaje para Miami o Cartagena y uno se queda solo mirando para el techo, comiéndose un cable de la piedra. Claro, esperando que lleguen contando historias de parches raros, con muchas fotos, pintas raras y todos bronceados.

Luego pasa navidad, la pólvora, la misa de gallo, la desarmada del pesebre, el año viejo del 31, la gente gritando a todo pulmón ¡este es mi año mijo! Y enero sin un peso, sólo culebras. Finalmente llega la semana de matrícula al próximo semestre de la universidad. Ése día la gente se pone la pinta, la ropa más bacana que le trajo “el niño Dios”. Todo el mundo llega estrenando, uniformados porque llevan la misma ropa de las cuatro marcas de siempre con los mismos diseños de fin de año, mirándose con cara de “qué pereza” pero en el fondo todos saben que se hicieron falta, que el parche de la universidad es lo mejor, que los profesores mediocres que tanto abundan son unos bacanes y que por fin se acaba el desparche, por lo menos ahora hay de nuevo una excusa para hacer algo.

Y finalmente volvemos a lo mismo, a la primera semana de clase en la que no se hace nada, en la que uno se da cuenta que lo del semestre pasado se le olvidó –como si los villancicos borraran todo de la cabeza–. Llegan los trabajos que nos dejan con meses de anticipación y que uno hace un día antes, la lucha para pagar la cuota de la universidad, la clase de 2 a 4 que duerme a todo el mundo y todo irá transcurriendo sin ninguna novedad. Solamente día a día se irá alimentando la esperanza que llegue Semana Santa y las vacaciones de mitad de año.

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