Vamos a brindar por el ausente

Vamos a brindar por el ausente

Personalmente me encantan los fines de año. ¿Pero qué hace especial a esa semana desde el 25 de diciembre hasta el 1 de enero (que a veces se extiende hasta el 6 con los maravillosos carnavales en el sur del país)? No es sólo la cantidad de comida, bebida o rumba durante esos días, ni los 14 Cañonazos Bailables. Hay algo más.

No sé ustedes, pero yo he tenido la fortuna de pasar 31 alejado de mi familia. También me ha tocado que personas muy especiales para mí estén lejos en un 31. Y es allí donde uno entiende que la gracia del fin de año es el poder compartirlo.

Ojo que no es el “compartir” con los familiares o amigos que uno sólo ve y se encuentra durante el funeral de algún conocido (donde por alguna razón después de uno dar el pésame le preguntan “¿Y qué más? ¿Qué me contás?“) sino el compartir ese sentimiento que se tiene al terminar el año, de lo que se hizo (y no se hizo), de lo que se aprovechó (y lo que no), lo que quedó pendiente para el próximo año, los compromisos, lo que pudo pasar (y lo que no, en la mayoría de los casos no por culpa de uno).

Es muy bacano tener esa certeza de haber hecho algo en el año que acaba de terminar. Y alistarse para hacer aun más en el nuevo. Es saber que el año comienza. Es estar pendiente de las películas que van a salir ese año, de saber que si uno “ahorra juicioso” puede pasar el próximo fin de año en otro lugar. O saber que tengo todo el año para tener que pagar el pasaje que saqué a crédito… Y esa costumbre de quemar el año viejo. El exorcizar de alguna forma todos esos males ocurridos durante el año. También recordamos a la gente que ya no nos acompaña. Los trabajos discográficos que salieron. Y todo lo que le pasó a uno y a los amigos.

Y quizás por eso es que me llama tanto la atención “El Hijo Ausente”. Es esa petición de alguien que está alejado y que no quiere que lo olviden. No se imaginan la cantidad de mamás y abuelas que han llorado escuchando este tema. Este tema es depresivo. Pero no del nivel de depresión de “El que inventó la Navidad no estaba solo”. Es algo diferente.

Es un tema de Pastor López. Con letra de Haidi González. Y que solo suena en esta temporada de fin de año. Es el único que le hace competencia al ya legendario “Faltan cinco pa’ las doce” (y mucho cuidado que no es “para“. Es “pa“. Más criollo no se puede) o al guapachoso “Año nuevo, vida nueva” (que muchas veces uno desearía que fuera “Año nuevo, viejas nuevas”) o al “Yo no olvido el año viejo” (que no deja de sentirse fuera de lugar con eso de “Una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra“).

Esa sensación de comenzar el año con todo, sólo alcanza a durar hasta mediados de enero. Desde allí, Semana Santa está a la vuelta de la esquina. 20 de julio en la otra. Después el 12 de octubre y “¡Este año se pasó volando!”.

Es algo así como ese comienzo de semestre en la U: son 15 días en los cuales uno está animado de volver a ver a los amigos, de ver clases nuevas, de saber que es un semestre menos antes de graduarse. Al cabo de esos 15 primeros días uno ya esta esperando el próximo puente. Que afortunadamente no escasean en nuestro país…

Así que aprovechen el fin de año antes de que los coja ese guayabo. Y que el año que viene estén presentes.

Comments

comments