#YoDefiendo la Pereza

#YoDefiendo la Pereza

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Son las cinco de la madrugada, el despertador cruje desesperadamente en tus oídos,  estas a tiempo para iniciar una ajetreada jornada de labores que implica entrega de informes, presentación de exposiciones, preparar papeleo, pagar los servicios, ir al banco, hacer miles de vueltas incluido el paseo matutino de Copito que te jala de las cobijas porque se muere por salir. Tienes que levantarte, tienes que arreglarte, tienes que cepíllarte los dientes… En fin ¡TIENES QUE MOVERTE! todo esto pasa por tu cabeza mientras escuchas la serenata acostumbrada del despertador, y tú como el ser humano que te caracteriza  decididamente te levantas, y lo haces solo para coger al pequeño mariachi matutino y silenciarlo para luego reunirte cálidamente bajo el amparo de las sábanas bajo la promesa de “cinco minutos más” y así te entregas total y plácidamente a la quietud…

En nuestra sociedad actual, tan vertiginosa y trepidante, sobresalen virtudes como la proactividad y el amor por el trabajo, estar en constante movimiento es lo que manda la parada hoy en día, y por el contrario, la pereza o molicie, es catalogada como un pecado capital que da a luz todos los vicios y te condena a una vida de mediocridad y mendicidad. Solo se alcanza el éxito a través del trabajo duro e incesante, solo a través del sacrificio, el sufrimiento y la supresión de todo placer contemplativo se llega a la meta. Sin embargo, este complejo de María la del Barrio tan generalizado en nuestra sociedad, a mi parecer, es una exageración. Para llegar al éxito no hace falta matarse 16 horas trabajando, sino de invertir el tiempo más inteligentemente. Pero bueno eso es otro cuento.

En definitiva, en esta época en donde reina el estrés y el caos mental, la pereza se nos presenta como un aliciente entre tanta acción y sobre acción, tomarse cinco minutos al día, ya sea para abrazar las sábanas y entregarse al placer de estar sin rien faire  y simplemente ser conscientes de ese momento presente, de estar ahí en el momento, sin pensar en los afanes del porvenir y la fatiga de lo ya pasado, es revelador. Este es mi  llamado a la pro inactividad, la pereza nos permite disfrutar del ahora, hacer nada es hacer mucho por uno, así como tenemos derechos, también tenemos deberes, así que si usted tiene el derecho al trabajo, usted tiene un deber con el descanso y es imperativo hacer pereza.

Y muy acorde a la ocasión termino con este fragmento del poeta Manuel Breton de los Herreros,   “!Salve, oh pereza! En tu macizo templo ya, tendido a la larga, me acomodo. De tus graves alumnos el ejemplo me arrastra bostezando; y, de tal modo tu estúpida modorra a entrarme empieza, que no acabo el soneto… de per…”

Por Sandra Martínez

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