Cine…in memoriam

Cine…in memoriam

 

Al final de cada año, todo el mundo se prepara para sacar las estadísti­cas de lo sucedido y el cine no es la excepción, mucho menos ahora que todos los amantes del séptimo arte soñamos con ver una producción consolidada o, por lo menos, una mayor y mejor representación del cine colom­biano en las pantallas internacionales y, claro, nacionales. Aunque estamos a la expectativa de lo que viene para el cine, es primordial detenernos a recordar a dos personas impor­tantes para nuestra cultura audiovisual, que no estarán en el 2008.

Carlos José Mayolo, Cali 1945 – Bogotá 2007. Hablar de Mayolo es hablar de un icono de la cultura audiovisual colombiana, director de culto para algunos. Aunque su pro­ducción cinematográfica no es realmente gran­de supo por medio del ingenio y creatividad plasmar lo que real­mente debía contar, respetando ese ima­ginario propio y casi nacional. Un creador que vivió como qui­so, e hizo lo que se le vino en gana, des­de su vida personal hasta su cine, “Mi obituario es una car­cajada que invita al jolgorio de vida lo infinito esta aquí hay que vivirlo eternamente. Yo me quedo en la cuna donde nací, que quiero que sea mi ataúd”.

Formó parte del Grupo de Cali que fundó el Cine Club de Cali y la revista Ojo al cine junto a: Andrés Caicedo, Luis Ospina y Ra­miro Arbeláez. Su obra audiovisual compren­de desde cortos reconocidos como: Oiga vea (1971), Cali de película (1973), Agarrando pue­blo (1977, premiado en Fran­cia y Alemania); pasando por sus dos únicos largometrajes: Carne de tu carne (1983) y La mansión de Araucaima (original de Álvaro Mutis, escrita para Luis Buñuel, que recibió premio en Río de Janeiro). Entre lo que realizó para te­levisión se destaca: Cuentas claras choco­late espeso, Cuentos de espanto, Hombres Brujeres y la gana­dora de 17 premios Simón Bolívar y 6 nominaciones en el Festival de Cartage­na en 1991 Azúcar. Indiscutible creador del llamado ‘gótico tropical’, alma contestataria reflejada en su obra y conversador de lo os­curo, onírico y anormal.

Jaime Osorio G. Caldas 1947 – Girardot 2006. Inicia su carrera cinema­tográfica en los años 70 con comerciales y documentales donde se destaca el corto­documental Chile no se rinde, carajo. En los años 80 produjo Nieve tropical, Los Embera y Mi Macondo. Dirigió capítulos de la serie Yuruparí y cortometrajes de ficción: Derechos reservados y De vida o muerte. Trabajó como asistente de Lisandro Duque en las películas Visa USA y Milagro en Roma.

Picado por el bicho del cine y con una visión extendida de lo que podía ser el audiovisual del futuro, produjo y dirigió la cinta Confesión a Laura (1991), drama de tres personas atrapadas en un apartamento el 9 de abril de 1948 (Bogotazo), cinta premiada en varios festivales del mundo.

De personalidad audaz, militante de derechos y futuro; ya reconocido internacio­nalmente dirige la producción de Nazca, y el telefilm L’Enfant du Bont du Monde. Igualmen­te produce La Virgen de los sicarios (1999), dirigida por Barbet Shroeder.

“El mono” Osorio, como se le re­cuerda aún en el medio cinematográfico, creía en una futura industria cinematográfi­ca colombiana, esto se vio reflejado en los últimos proyectos en los que intervino: co­produjo María llena eres de gracia para HBO Films (2002), realizó la producción de La sombra del caminante (2004) de Ciro Guerra; en diciembre de 2005 estrenó la cinta Sin Amparo y en 2006 hace producción ejecutiva de Satanás; en proceso de preproducción es­taban las cintas Juegos de niños, El taxidermis­ta, el proyecto Los colores de la montaña y el largometraje La hora de los leones escrita por él mismo.

Se vislumbran buenos tiempos para la producción cinematográfica nacional y ya que no tendremos estos creadores a los que tanto les debe el audiovisual, por lo menos podremos apelar a sus enseñanzas y modelos.

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