#Columna: EL CINE COLOMBIANO, HECHO CON GARRAS DE ORO

 

 

Han pasado 121 años desde nuestro primer contacto con el cine, cuando los operarios de Edison y los hermanos Lumière llegaban a Panamá a proyectar cortos de la época. Desde entonces el camino de la cinematografía nacional ha tenido un largo camino por recorrer. Han surgido grandes directores y películas memorables, pero aun así hemos tenido falencias y poco apoyo por parte del público colombiano. La creación de cine es tormentosa para nuestros directores, se enfrentan a salas casi vacías y un desinterés deplorable por parte de un público que sigue prefiriendo consumir un cine foráneo, supremamente comercial.

¿Es la formula acaso? ¿Qué estamos haciendo mal? Nos preguntamos aquellos que nos movemos dentro del cine en Colombia, en mi caso como estudiante de esta materia. El boca a boca dice que el cine colombiano solo tiene tópicos relacionados al narcotráfico y a la violencia, por ello prefieren las películas colombianas de comedia, de chiste. Y no me quejo aquí de Dago, que con su productora ha impulsado obras cinematográficas de gran calidad como lo fue “El Abrazo de la Serpiente” y recientemente “Sal”. Estos dramas cómicos, según los ciudadanos de a pie, los alejan del día a día, de lo cotidiano, o eso dicen. Sin embargo, las películas de bala norteamericanas son un éxito total en taquilla. ¿Es el cine el problema? ¿O el público? La pregunta queda abierta.

Hay películas colombianas que dan otras miradas y exploran otros temas, tales como “Siembra”, “La Tierra y la Sombra”, “La Mujer del Animal” y muchas otras más. Quizás lo que quiere la gente es que nos alejemos de ese imaginario colectivo que rodea las historias de nuestro cine, pero es algo bastante complicado para los directores, ellos nos quieren decir algo, ellos quieren llevar un mensaje al espectador.

El objetivo del cine casi siempre, es llevar al público a la catarsis, y es necesario para nosotros entretejer las costumbres de nuestra sociedad en las películas.

Nuestro cine aún sigue construyéndose, y nos queda mucho por aprender, estamos atrasados en ese tema. Pero como cineastas necesitamos el apoyo del pueblo colombiano, necesitamos un público que invierta en aquello que los directores crean, en esas obras que tratan de enseñarnos algo. Debemos aprender a romper algunos esquemas, así seguramente disfrutaremos de nuestros films nacionales. El cine colombiano no solo busca dinero, sino ser consumido. El fin de una película es que otros la vean, opinen, la interpreten, aprendan. Esa es nuestra tarea como público.

La invitación entonces, es a llenar las salas de las películas hechas en nuestro país. Que suelen durar una semana y ahí mueren. Casi siempre las salas alternativas de cine como la Tertulia hacen eco de ellas, la presentan más tiempo, pero aun así no se logra que la gente vaya. Actualmente no se aprecia el esfuerzo que conlleva hacer una película. Entre más público tenga, hay posibilidad de crecer el mercado y el número de películas realizadas por año.

 

Comments

comments

Leave a Reply