Disfrutando de una amena compañía: un análisis al film Café y cigarrillos

Disfrutando de una amena compañía: un análisis al film Café y cigarrillos

coffee_and_cigarettes_fondoA lo largo de casi veinte años, el norteamericano Jim Jarmusch realiza una serie de cortometrajes casi en paralelo a sus otros trabajos de larga duración -desde “Bajo el peso de la ley”, pasando por “Ghost Dog”-en donde intenta ironizar sobre la vida mientras sus personajes fuman cigarrillos y toman unas tazas de café. Con ese único elemento unificador, él nos muestra acciones y charlas cotidianas de un realismo tal, que a veces dudamos sobre lo que nos cuenta; traspasando el molde cinematográfico. Entonces Jarmusch decide unir todas esas anécdotas aisladas en un largometraje,  jamás busca una continuidad concreta; sino captar momentos genuinos y no dramáticos en silencios que transmiten mucho más que sus diálogos impregnados de naturalidad.

Esos tiempos muertos en que aparentemente no pasa nada –gran constante en otras de sus películas-, son la manifestación más franca de unos seres que viven en un lapso inerte, sin certeza de su dirección vital. En la progresión habitual de otras cintas serian elipsis narrativas.

Otro aspecto es la inclusión de nombres reconocidos -sean actores o músicos- interpretándose a sí mismos. Vemos una versión fílmica y satírica, donde es difusa la línea entre la personalidad idealizada y la identidad real. Este ejercicio no es ajeno en otros trabajos de Jim, en los que escribe personajes para sus conocidos: músicos como John Lurie, Screaming,  Jay Hawkins, o Tom Waits, que interviene en una de estas breves historias con nadie más que Iggy Pop, revelándonos algo en las pausas entre su conversación y proyectando más la comedia esporádica de las situaciones.

Mantiene su conseguida atmósfera librándose de casi toda banda sonora, sólo en ocasiones hay intradiégesis musical, es decir dentro de la escena. Las únicas piezas musicales que escucharemos serán en las secuencias finales e iniciales de los créditos.

Por su heterogeneidad carece de un ritmo constante, aunque no deja de ser agradable e incluso hilarante ver estrellas como Cate Blanchett, Roberto Benigni y hasta un genial Bill Murray divagando en esos sencillos acontecimientos llenos de cualidades inmensas. Se olvida por completo la estructura de los tres actos definitivamente, y en pocos planos nos permite contemplar la charla; somos libres de involucrarnos si queremos, prescindiendo de efectismos emocionales manidos. Esta ruptura no es repentina, pues en “Mystery Train”, “Extraños en el paraíso” y “Una noche en la tierra”, el director ya venía desestimando el convencionalismo narrativo para guiar sus historias mediante la experiencia de los protagonistas.

Algo común en la amalgama del universo Jarmusch, a mi parecer, es el transcurso vital de búsqueda y huida en sus habitantes, que definitivamente van a la deriva con la belleza lírica de lo intrascendente. Puede que disguste al evasor por el tedio infundado, u ocasionalmente cautive al de mirada alterna frente a la incertidumbre de la existencia, aun así será inolvidable.

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