El cine de Gabriel García Márquez

El cine de Gabriel García Márquez

Tendría uno, en su ignorancia, la tentación de decir que son malas todas las películas en las que Gabriel García Márquez ha estado involucrado. La italiana Crónica de una muerte anunciada logra arruinar una de las tramas más precisas que se consiguen en las librerías. La peruana Un señor muy viejo con unas alas enormes está muy bien en la imaginación del narrador, pero su puesta en escena tiene que ser uno de los ejercicios más torpes en la historia de las ficciones. Y la gringa El amor en los tiempos del cólera, que parte de una novela romántica de primera línea, resulta tan patética como Don Quijote on Ice: vale la pena verla con amigos listos a morirse de la risa.

El cine de gabriel García MárquezAsí que no estaría mal decir que García Márquez no fue hecho para el cine, que sus guiones son sentenciosos, que las adaptaciones de sus novelas son un grave error. Sin embargo, si uno revisa la lista con cuidado, si va una por una por las 38 producciones que empiezan en las palabras del escritor colombiano, puede dudar de sus conclusiones, porque no sólo encontrará desastres “interesantes”, no sólo encontrará nobles fracasos, sino, también, un par de largometrajes decorosos. Puede llegar a hablarse, incluso, de dos pares: La langosta azul y En este pueblo no hay ladrones, y Tiempo de morir y Milagro en Roma.

García Márquez se pasó la juventud en el cine: fue el crítico de El Espectador durante meses, estudió dirección en Roma y fundó la escuela de San Antonio de los Baños. Su relación laboral con las películas sólo comenzó, no obstante, con La langosta azul, de 1954, un mediometraje mudo en blanco y negro que escribió para dirigirlo con su amigo Álvaro Cepeda Samudio. Y que sigue a un agente secreto mientras busca rastros radioactivos en las langostas de un pueblo caribeño. Hay que verla: al menos, es una mamadera de gallo, el vestigio de una civilización que no se tomaba tan en serio y un experimento curioso para el cine latinoamericano.

Vinieron, en los años sesenta de García Márquez, algunos trabajos “mexicanos” de los que todos hemos oído hablar alguna vez. En la surrealista adaptación de su cuento En este pueblo no hay ladrones, que es, también, un conmovedor juego de niños, un tal Dámaso se roba las bolas del billar que administra el malencarado don Ubaldo, y todo, en el pequeño pueblo en el que viven, comienza a girar sobre este misterio. Vale la pena verla por rara. En pocas películas se encuentra un elenco conformado por Luis Buñuel, José Luis Cuevas, Gabriel García Márquez, Carlos Monsiváis y Juan Rulfo.

Los setenta se le fueron al escritor en escribir algunos guiones. Y los ochenta se salvaron, por poco, gracias a dos producciones que partieron de sus textos: la insólita Tiempo de morir, segunda versión de uno de aquellos largometrajes mexicanos, vale la pena por las actuaciones enloquecidas, las sentencias teatrales pronunciadas con convicción y la atmósfera de western que sucede en ninguna parte, y Milagro en Roma, la historia de Margarito Duarte, el hombre que lleva al Vaticano el cadáver en perfecto estado de una hija de siete años que murió hace más de doce, es el mejor largometraje de aquella serie titulada Amores difíciles: son dos retratos que han resistido, como aquella niña muerta, el paso de los años.

Por eso, por obras como esas, es que se llega a dudar, en el proceso de revisar esa larga filmografía, de las duras conclusiones que se nos vienen a la cabeza. Por eso y porque quizás vengan otro par de experimentos notables. Pero mientras eso, mientras llegan, habrá que quedarse con la idea que tenemos. Que es que “la ignorancia es atrevida”, sí, pero que (sólo 4 de 38 aguantan la crítica) suelen ser muy malas las películas en las que se asoma la voz de Gabriel García Márquez.

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