El cine y la búsqueda de la identidad

El cine y la búsqueda de la identidad

cine_identidadEl juego de la identificación
El cine tiene la sorprendente capacidad de hacernos olvidar por un momento de nosotros mismos, llevándonos a aceptar con naturalidad la ficción que nos propone. Esto lo convierte en un medio ideal para reflexionar sobre nuestra propia identidad.En efecto, la mayoría de las películas corresponden al ‘cine narrativo’, donde las imágenes que percibimos no corresponden al punto de vista de ninguno de los personajes (ya que están incluidos en éstas), sino al de una cámara siempre oportuna y omnipresente que nos va mostrando, escena por escena, una historia sin barreras de ubicación o tiempo. Curiosamente, aprendemos a aceptar esta mirada (fenómeno llamado Identificación Primaria, por Baudry 1) cuando en la realidad nosotros experimentamos las cosas desde nuestro estrecho punto de vista, con las restricciones habituales de perspectiva, tiempo y espacio.
Por otra parte, la identificación secundaria se da cuando al ver una película dejamos de pensar en nosotros mismos y en nuestra situación para sentir como propios los problemas, alegrías y situaciones de los personajes en los que nos vemos reflejados. Mientras que la identificación primaria la damos por supuesta, la identificación secundaria es aquella de la que podemos ser más conscientes. Por ejemplo, ¿quién negaría haber salido de The Matrix (Andy y Larry Wachowski, 1999) queriendo lucir las gafas de Neo o haber vitoreado a Trinity al golpear hombres a diestra y siniestra? A ver quién tira la primera piedra.

¿Quién soy yo?
Muchos filmes, en especial los dramas psicológicos, aprovechan el poder de inmersión del cine para proponer su visión y contribuir a la reflexión que ha trasnochado a los filósofos. A través de las películas, esta búsqueda de la identidad puede convertirse en la cruzada que todos deberíamos emprender.

Como lo descubrió la protagonista de El Mundo de Sofía (Erik Gustavson, 1999), dependiendo de cuándo uno se pregunte quién es, la respuesta puede ser diferente. La idea que tenemos de nosotros mismos, lo que nos identifica y nos hace diferentes a los demás, generalmente va evolucionando en sincronía con la manera como lo va haciendo la visión que tenemos del mundo.

Uno es lo que ama
Esta es la respuesta que el guionista de El Ladrón de Orquídeas (Spike Jonze, 2003) nos ofrece por boca de su hermano y que de alguna forma también refleja la búsqueda del niño robot de Inteligencia Artificial (Steven Spielberg, 2001).

Por la misma línea parece ir El Talentoso Sr. Ripley (Anthony Minghella, 1999) donde un tremendo vacío de identidad lleva a su protagonista a extremos para imitar los gustos, actitudes y hasta la fisionomía de quienes ama, con la creencia de que así podrá asumir la identidad del objeto de su obsesión. En Bolívar Soy Yo (Jorge Alí Triana, 2002) un actor pierde su identidad y asume la de su personaje, producto de la gran admiración que se le iba despertando al interpretar al Libertador.

Uno es lo que hace
Por otra parte, hay realizadores que proponen que son nuestras obras las que determinan quiénes somos. En El Club de la Pelea (David Fincher, 1999) encontramos a Jack, quien en lugar de construir una identidad propia, empezó a comprar cosas que le ayudaran a definirse. Así renunció a ser ‘Jack la persona’ para organizarse como ‘Jack el consumidor’. Su mente trastornada sólo logró liberarse a través de Tyler Durden, quien hizo las cosas a las que Jack nunca se atrevió porque no encajaban dentro de los convencionalismos que le daban ‘identidad’.

Por otro lado, un típico ciudadano del imperio enfrenta una vida anestesiada en Belleza Americana (Sam Mendes,1999), de la cual sólo despierta cuando empieza a tomar decisiones (y acciones) que responden a sus propios deseos y no a los de los demás. En ambas películas, se plantea que sólo se puede alcanzar el equilibrio cuando la identidad refleja tanto lo que queremos como lo que hacemos.

Uno es aquello que desea ser
Prácticamente todas las películas de Disney nos han inculcado que hasta el más patético de los perdedores se convierte al final de la cinta en el héroe de la historia. El truco: proyectarse como aquello que se sueña ser.

A su vez, hay quienes afirman que nuestros genes determinan quiénes somos. La propuesta de Gattaca (Andrew Niccol, 1997) es que a pesar de que nuestro sustrato biológico es determinante en nuestra personalidad, definitivamente “no hay gen para el espíritu humano”. Es decir que depende de nosotros mismos decidir qué tanto provecho vamos a sacar de los genes que nos tocaron en la rifa.

De otro lado, la apuesta de Todo Sobre mi Madre (Pedro Almodóvar, 1999) parece estar en reconocer de dónde venimos y trabajar para acercar lo que tenemos y lo que queremos dentro de una identidad consistente, armónica. El director lo resumió en palabras de la prostituta transexual (quien paradójicamente era el personaje que más en paz se encontraba consigo mismo): “Uno es más auténtico entre más se parece a lo que soñó de sí mismo”.

En conclusión, vemos que podemos encontrar diferentes propuestas (incluso en el cine comercial) que después de una lectura más profunda nos aportan elementos para la reflexión. ¿Quién soy yo? La respuesta sólo puede dársela cada uno.

1B AUDRY , J EAN L OUIS , “Cinéma: Effects idéologiques produits par l´appareil de base”, en Cinéthique , núm. 7-8 , Paris, 1969.

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