El Conjuro 2: La clave perfecta para hacer terror

El Conjuro 2: La clave perfecta para hacer terror

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¡Spoiler Alert!. Lea bajo propia responsabilidad.

 

El Conjuro II es la secuela del matrimonio Warren, los demonólogos más aclamados de los últimos años. El film está en salas de cine; es dirigido por el siempre acertado James Wan.

En está ocasión el desarrollo de la trama se da en Inglaterra, en un suburbio pobre, en medio de los Hodgson, una familia disfuncional. Esta historia es muy conocida en el ámbito de lo paranormal; quizá es una de las más macabras, sombrías y horrorosas que jamás se hayan documentado. Existen fotografías, vídeos y audios de la terrible experiencia de dicha familia (http://bit.ly/29tAzmX). Pero más allá de la relación con el caso real, la película de Wan, es potente en sus imágenes y espeluznante para quien la vea.

Las dos versiones del Conjuro son películas del género terror, y como saben, todas los filmes son parecidas. Eso es verdad. Pero en las dos entregas nos enfrentamos a un detalle en las situaciones, a una magnífica actuación de los personajes y a una autentica sensación de desconcierto frente al demonio vestido de monja que te hace aferrar la silla con fuerza.

La empatía que tenemos con Janet es total; la actuación de la pequeña es magistral, los constantes cambios de ánimo, la pesadez de su mente y cuerpo son bien presentados, el estado de intranquilidad es tan bien logrado que se trasmite al lector. Pero, sobre todo el estelar trabajo que cumplen Vera Farmiga, en su papel de médium y el carismático Patrick Wilson, dan la sensación de estar vislumbrando la aparición de dos estrellas, que darán mucho de qué hablar en los próximos años.

Y claro, el otro protagonista es el demonio. Sobre ello no queda más que decir. Es espantoso. Cada que aparece en la escena el ambiente de la sala se congela; las gargantas se tiemplan y una que otra mirada se desvía al compañero.

El maquillaje es espectacular. Las apariciones son correctas precisas. Nunca antes había visto una muestra de poder maligno tan desmedida y pública como la que se da en la película, que insisto está basada en hecho reales. Quizá le sobra las apariciones del hombre torcido; un recurso que no logra el efecto deseado.

La imagen del viejo Bill Wilkins sentado en su sillón, atormentando a la pobre Janet y pidiendo que abandonen su casa, fue uno de los recursos que más me gustó. Es el chivo expiatorio. El supuesto causante del terrible tormento de Janet y su familia. Sin embargo, en la secuencia final del film, se nos revela la verdad. Todo había estado a la vista, todo es tan obvio, tan predecible pero siempre hace falta un poco de suspicacia, un instante para armar el rompecabezas. El viejo, es otra de las victimas del poder infernal de quizá el más terrible demonio presentado en la última década del cine de terror.

Así que si quiere tener dos horas de buena diversión, puede acercarse a la sala de cine y sin temor, ingresar en el mundo macabro de El Conjuro II.

 

Autor: Felipe París
Twitter: @felipe_paris

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