En ‘Una temporada en el infierno’, ‘Yo maté a mi madre’

En ‘Una temporada en el infierno’, ‘Yo maté a mi madre’

xavier dolan

Al igual que el genio Arthur Rimbaud, Xavier Dolan demuestra que posee cualidades estéticas formidables. Rimbaud, para envidia de tanto seudo poeta, dejó una profunda obra a los 20 años de edad. Dolan lleva cinco películas, tiene 26 años y su ópera prima, ‘Yo maté a mi madre’, fue producida, escrita y protagonizada por él: el niño prodigio de Montreal, cuando apenas tenía 19 años. (Coincidencia superflua: tanto el poeta como el cineasta poseen características de efebo, Rimbaud la pasó bueno con Verlaine, y Dolan…vaya uno a saber con quién).

‘Yo maté a mi madre’ se vale de diversos juegos narrativos para contar la historia de un joven cuya relación maternal es detestable, y con una figura paterna esporádica, fría y marginal. En esta colorida película, Dolan apela a las complejidades por las que muchos adolescentes pasan con su madre; haciendo gala de un buen acertado uso de planos el director se permite explorar con recursos narrativos propios de un productor avezado. Condición que lo asemeja más a Rimbaud, dado que se trata de destrezas innatas.

A propósito de esto último, una tarde calurosa en la París del siglo XIX Flaubert le dijo a su discípulo Maupassant (quien siempre llegaba mohíno por su incapacidad estética): No te desesperes Guy, “el talento no es más que una larga paciencia”. Pero el poeta y el cineasta no tuvieron que esperar mucho para hacer del arte ese placer al que sólo pueden llegar los grandes; Rimbaud escribió ‘El barco ebrio’ cuando tenía 17 años, ese poema considerado uno de los mejores del siglo XIX francés, le sirvió para ganarse el respeto de un poeta consagrado como Verlaine. Lo dije atrás: se trata de talentos innatos. De genios de los que se hace imposible no aludir. De divas, claro, porque así como Rimbaud (que era iconoclasta) Dolan no duda en exhibir su narcisismo. Pero bueno, el mocetón tiene con qué.

El canadiense demostró que su primera cinta no se trataba de un golpe de suerte, –golpe de suerte que le mereció muchos reconocimientos: o sea, de algo esencial en el cine: recursos monetarios, algo que aún no entienden en Colombia –, con su película ‘Los amores imaginarios’ volvió a sorprender a más de un reticente con un contenido igual de preciso, fresco, limpio y con unos escenarios y planos fascinantes.  Esta vez con una historia de dos amigos veleidosos que buscan el amor de Nicolás (Niels Schneider), quien les abre las ventanas a los dos, siendo uno mujer y otro hombre. Dolan le apertura a los estados emocionales por los que todos hemos pasado, esas preconcepciones del amor, esos prejuicios y esa imaginación que emerge cuando conocemos alguien que nos atrae.

Y para no hacer más encomios de este texto, baste terminar con su más reciente película, esto es ‘Mommy’, que, como si de constatar lo dicho se tratara, recibió el Premio del Jurado en Cannes (2014). En esta el cineasta vuelve a los conflictos maternales, esta vez desde un personaje con unas singularidades que rayan en lo tierno e irritante, se trata de Steve (Olivier Pilon) un joven bipolar, hiperactivo y con déficit de atención que, tras ser expulsado de un centro de recuperación, regresa con su madre Diane (Anne Dorval, quien, por lo demás, hace parte de los actores en las tres películas que aquí se aluden). La complicada vida de una madre que hace peripecias para recibir un sustento económico, se atenúa con la aparición de Kyala (Suzanne Clément), una vecina con problemas expresivos  que cuida a Steve mientras Diane busca trabajo. Bajo este seno familiar Dolan vuelve a desnudar los aprietos entre una madre y su hijo, con una principal diferencia: esta vez desde una solidaridad por la figura materna, antes que con la del hijo, que fue lo que definió su primera obra.

Faltaron dos películas y sin embargo dudo que alguien ponga en tela de juicio el talento del canadiense, del autor que cualquier podría advertir como rosa, pero que revierte sus realizaciones de un muy buen contenido, de experimentos en los planos, la fotografía, la urdimbre narrativa.

Si  el autor de ‘Una temporada en el infierno’ inventó la “Alquimia del verbo” Dolan no se queda atrás y con cada realización demuestra una capacidad audiovisual envidiable. Así como todo que se atisba poeta debe leer a Rimbaud, todo novel cineasta debería ver a Xavier.

Escrito por Jair Villano  @VillanoJair

En YouTube se encuentra alojada la película “J’ai Tue Ma Mére” (Yo maté a mi madre). Les dejamos el link para que puedan verla:

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