Entre actores y directores

Entre actores y directores

Fotografía: Anthony Michael Rivetti

¿Qué podrían tener en común Woody Allen, Quentin Tarantino, Clint Eastwood, Mel Gibson, Denzel Washington y Ben Affleck? De entrada pareciera que sólo pueden ser asociados con Hollywood,  la industria cinematográfica a la que pertenecen. Otros los recordarán por superproducciones en las que han figurado como actores, guionistas o directores, sin embargo el factor que los une por excelencia  es su pasión por crear detrás de las cámaras sin olvidarse de figurar ante ellas.

Películas como “Manhatan”, “Pulp Fiction”, “Million Dollar Baby”, “Corazón Valiente” y “Atracción Peligrosa” son sólo algunos de los grandes filmes que este grupo de artistas polifacéticos han traído a la pantalla grande asumiendo ambos roles.

A nivel mundial, son pocos los artistas que han aceptado el reto de asumir los dos trabajos en la misma producción, pero todo puede tener una gran lógica: la persona que concibió los diálogos, las locaciones y los personajes de una película es quizá la que mejor podría encarnar éstos mismos.

Puede sonar descabellado, pero es cierto. El director es la persona que sabe cómo quiere cada detalle en su película, es quien decide los planos, las cargas dramáticas e incluso quien agrega detalles personales al guión, por ende, la persona que debe tener claro lo que quiere de cada uno  de los actores.

Desde esta perspectiva parece sencillo personificar el papel que se creó en el guión y cualquier director podría convertirse en actor sin mayores problemas, sin embargo hacer ambas tareas y salir bien librado no es tan simple como parece. Históricamente quienes lo han hecho han sido recordados por sus grandes aportes a la industria. Nombres como Georges Méliès, Charles Chaplin, Kevin Costner, Sophia Coppola y Helen Hunt marcarán por siempre la historia del cine desde ambas facetas.

Autodirigirse, autocriticarse y autosatisfacerse son tres elementos que manejan a la altura este selecto grupo y que los diferencian del resto de actores y directores en Hollywood, una industria que se caracteriza por asignar diferentes profesionales a cada cargo.

Como en todo ámbito artístico, hay actores, directores y hasta productores buenos y malos, pero todo ser humano afronta un serio conflicto cuando entre sus responsabilidades se encuentra evaluar la labor propia. Muchos pecan al sobrevaluarse y otros tantos al menospreciarse y llegar a la objetividad que permita dar en el punto preciso para crear una película de estas magnitudes es toda una hazaña.

Ser un actor-director es una profesión compleja, es un acto de coraje, un arma de doble filo, una hazaña artística que aguarda sólo a los más inspirados, una obra de arte que se afianzará en la medida que su público reconozca el esfuerzo realizado.

Esa forma de plasmar sus perspectivas del mundo es lo que se denomina arte, un concepto a veces difícil de medir o atribuir, y que se vuelve subjetivo al determinar cuándo una obra vale más que otra. Es por eso que determinar quién es o no artista es una labor intrínsecamente para el público, ése que ya los consagró como genios.

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