Los Derechos del Cinéfilo

Los Derechos del Cinéfilo

Eduardo Quiroz, editor Cultural de El Tiempo parte de la necesidad que el crítico de cine tenga presente al público, antes de redactar sus escritos. Con el fin de seguir trabajando por el mejoramiento continuo del oficio, propone los siguientes derechos para los seguidores y amantes del cine:

1-El espectador tiene derecho a repetir todas las veces que desee aquellas películas que lo han conmovido, aunque sea con el único propósito de volverse a conmover. Y tiene derecho a repetir también aquellas que lo han defraudado, para estar seguro de los errores y de las incongruencias del filme, si acaso es de su agrado semejante tortura.

2-Tiene derecho a abandonar la sala si la desazón supera los niveles de tolerancia o incluso si los desajustes del sonido lo llevan a escuchar una película diferente de la que está viendo. Ahora bien, si puede más el sueño que la emoción, el espectador tendrá derecho pleno a quedarse dormido, siempre  y cuando no le incomode a los de la fila de adelante con sus pies, ni a los demás con sus ronquidos.

3-Tiene derecho a conmoverse con los dramas ajenos, e incluso a recrear sus propios dramas a partir de los dramas que le están proponiendo en la pantalla. También los hombres pueden llorar en cine.

4-Durante una película, el espectador tiene derecho a perderse de la realidad hasta el punto de sentirse como uno más de los personajes.

5-Tiene derecho a ir a todas las películas de carácter infantil que llegan a la cartelera, y tiene derecho a reconocerlo abiertamente o a disfrazar su entusiasmo aduciendo que lo que hace solamente por llevar sus hijos  al cine o sus sobrinos o primitos. Y por supuesto, tiene libertad total para regresar a la infancia y añorar los años inocentes de su vida, a partir de una escena, de un diálogo o de una pilatuna.

6-Tiene derecho a exigir que no le recorten la película, que le proyecten los rollos en el orden debido, que el foco esté en su punto y el volumen sea el adecuado. Tiene derecho de recordarle al proyeccionista o al gerente de la sala, que él es, aunque no parezca, el más importante de los créditos.

7-El cinéfilo tiene todo el derecho a disentir de los críticos, e incluso, tiene el derecho de emitir conceptos críticos y de sentirse como tal. Tiene el derecho a juzgar las películas y a otorgarles su propia calificación. Y por supuesto, cada espectador puede elegir libremente a su crítico de cabecera y, si le place tiene derecho a tener fe ciega en él y además a repetir como propios sus conceptos. Por descabellados que sean.

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