Música de película

Cómo se musicaliza el cine colombiano

ay una evolución sonora grandísima en las películas colombianas: el audio ha mejorado enormemente, no solamente en la captura del sonido directo; también la música misma ha sufrido una transformación grande. Sin embargo “acá en Colombia falta mucho en la parte estética, cómo darle un viraje y capitalizar nuestras carencias al nivel del presupuesto para hacer una música adecuada y que eventualmente pueda ser exitosa y atractiva comercialmente” en opinión de Felipe Pérez Uribe, un músico, ingeniero de sonido y orquestador (una combinación excepcional en nuestro medio) que ha trabajado en películas como la última de Lisandro Duque, Los actores del conflicto.
Técnicamente, la música se puede trabajar durante el guión, durante el rodaje o después, pero usualmente los tiempos de producción implican que la música se hace cuando ya terminaron el rodaje. Eventualmente los del sonido, los de los efectos especiales, los diseñadores sonoros también han estado trabajando desde un poco antes, pero casi que el grueso del trabajo, que es toda la parte de audio, se hace al final.
Cuando se llama a un compositor, el primer paso es una sesión que se llama de spotting, en la que se discuten con el director los puntos de sincronización de la película, es decir, en dónde entra y en dónde sale la música, y en cuántos pedazos (cues). Aquí se definen no sólo aspectos vitales para la producción desde el punto de vista económico sino también desde el punto de vista estético: cómo ve el director la película, qué quiere de ella, o si está de acuerdo con los cues.
Internacionalmente, se ha estandarizado la figura del orquestador porque los tiempos de producción no le permiten al compositor hacer la música y la versión para orquesta en los tiempos estimados. Por eso, el ideal es que haya un equipo trabajando con el compositor: editor musical, orquestador y copistas. Mientras el compositor trabaja va pasando bocetos y otro hace la versión para orquesta, el copista va elaborando partituras, el director de la orquesta dirige a los músicos contra una pantalla de cine con código SMPTE (la barrita con el tiempo corriendo en tiempo real) y graba su interpretación de la orquestación.
En cuanto a infraestructura aún nos falta muchísimo: la música se graba y se mezcla aquí, pero después hay que llevarla a lo que se conoce como una “Sala Dolby”: una sala para cine adecuada con equipos para hacer la postproducción, montar los diálogos, la música y los efectos sonoros. Al audio se le acentúan determinadas frecuencias según la absorción y tamaño de las salas de cine, que tienen especificaciones muy claras como las salas Dolby (aquí todavía no las hay) con lo que se garantiza que prácticamente así es como va a sonar la película en las salas.
Normalmente eso se hace en Chile,
México o Argentina.
Por todo lo anterior, es claro
que hay muchas limitaciones, pero
también oportunidades para quienes quieran apostarle a la innovación en el
séptimo arteHay una evolución sonora grandísima en las películas colombianas: el audio ha mejorado enormemente, no solamente en la captura del sonido directo; también la música misma ha sufrido una transformación grande. Sin embargo “acá en Colombia falta mucho en la parte estética, cómo darle un viraje y capitalizar nuestras carencias al nivel del presupuesto para hacer una música adecuada y que eventualmente pueda ser exitosa y atractiva comercialmente” en opinión de Felipe Pérez Uribe, un músico, ingeniero de sonido y orquestador (una combinación excepcional en nuestro medio) que ha trabajado en películas como la última de Lisandro Duque, Los actores del conflicto.

Técnicamente, la música se puede trabajar durante el guión, durante el rodaje o después, pero usualmente los tiempos de producción implican que la música se hace cuando ya terminaron el rodaje. Eventualmente los del sonido, los de los efectos especiales, los diseñadores sonoros también han estado trabajando desde un poco antes, pero casi que el grueso del trabajo, que es toda la parte de audio, se hace al final.

Cuando se llama a un compositor, el primer paso es una sesión que se llama de spotting, en la que se discuten con el director los puntos de sincronización de la película, es decir, en dónde entra y en dónde sale la música, y en cuántos pedazos (cues). Aquí se definen no sólo aspectos vitales para la producción desde el punto de vista económico sino también desde el punto de vista estético: cómo ve el director la película, qué quiere de ella, o si está de acuerdo con los cues.

Internacionalmente, se ha estandarizado la figura del orquestador porque los tiempos de producción no le permiten al compositor hacer la música y la versión para orquesta en los tiempos estimados. Por eso, el ideal es que haya un equipo trabajando con el compositor: editor musical, orquestador y copistas. Mientras el compositor trabaja va pasando bocetos y otro hace la versión para orquesta, el copista va elaborando partituras, el director de la orquesta dirige a los músicos contra una pantalla de cine con código SMPTE (la barrita con el tiempo corriendo en tiempo real) y graba su interpretación de la orquestación.

En cuanto a infraestructura aún nos falta muchísimo: la música se graba y se mezcla aquí, pero después hay que llevarla a lo que se conoce como una “Sala Dolby”: una sala para cine adecuada con equipos para hacer la postproducción, montar los diálogos, la música y los efectos sonoros. Al audio se le acentúan determinadas frecuencias según la absorción y tamaño de las salas de cine, que tienen especificaciones muy claras como las salas Dolby (aquí todavía no las hay) con lo que se garantiza que prácticamente así es como va a sonar la película en las salas. Normalmente eso se hace en Chile, México o Argentina.

Por todo lo anterior, es claro que hay muchas limitaciones, pero también oportunidades para quienes quieran apostarle a la innovación en el séptimo arte.

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