Entrevista al escritor Santiago Blandón: “fuera de la literatura no tengo opción”

Entrevista al escritor Santiago Blandón: “fuera de la literatura no tengo opción”

escritor santiago blandon art

Por Manuel Tiberio Bermúdez
@Charlemoss

Se llama Santiago Blandón Escobar y a sus 24 años ya usa, con eficiencia, los juguetes de un escritor. A su edad, tampoco le son ajenos los reconocimientos por ese oficio que ejerce desde  los ocho años de edad cuando escribió dos cuentos que aun recuerda vívidamente. Desde ese momento hasta hoy mantiene una  relación constante y permanente con el trabajo que eligió: escribir.

Santiago, vive en la capital del Valle hace más de 10 años y en la ciudad ha encontrado nuevas vivencias, detalles cotidianos que alimentan su imaginación: “Nunca he salido de los barrios populares, donde aprendí a jugar fútbol, a bailar salsa y a andar la calle, pero sobre todo a encontrar los detalles insólitos de nuestra cotidianidad urbana “-señala-.  

Lo único que quiere es complacer a ese otro: al escritor que viene saltando entre sus genes desde la época de las cavernas cuando ese simio erguido que hoy somos trataba de dar cuenta a los demás de sus peripecias por el mundo que le tocaba en suerte vivir.

Y aunque para muchos este ejercicio de escribir no conduzca a ninguna parte, en términos económicos, que sea calificado como un quehacer en solitario, que quien lo ejerce tiene algunos síntomas de locura, Santiago asegura que “fuera de la literatura ya no tiene otra opción”.

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¿Qué hace actualmente?

Estudio en la Universidad del Valle. Una universidad en donde uno aprende más por fuera de las clases que en la misma aula, un universo diminuto donde confluyen todos los ritmos –culturales, étnicos, políticos y musicales- del suroccidente.

He tenido el privilegio de encontrar una carrera –Comunicación Social- donde incentivan el pensamiento crítico, la experimentación estética, la creación libre, pero también exigen mucha rigurosidad en la escritura y en la argumentación. Lamentablemente estoy próximo a graduarme.

¿Qué busca en la literatura para su vida personal?

Escritores y escritoras cuyos textos sean tan genuinos, tan íntimos, pero sobre todo tan humanos, que me hagan sentir como un personaje más de sus relatos. No concibo un mejor cuento que aquél donde después del punto final siento que mi propia vida es una continuación de la historia recién leída. Esto me ocurre sobre todo con los escritores que no son arrogantes, que no narran desde el Olimpo sino desde la calle, desde la casa, el supermercado, la cama, desde la cotidianidad.

En este preciso momento me encuentro cautivado por dos argentinas –Josefina Licitra y Leila Guerreiro- y un dominicano: Junot Díaz. Los tres tienen algo en común: escriben con el acento de sus países, con un estilo que es muy parecido a la oralidad, como si fuera un amigo del barrio el que estuviera contando la historia. Todos los escritores que me han gustado alguna vez tienen esa característica.

¿Desde cuándo su relación con las palabras intencionadas para contar una historia?

Desde que escribí mis dos primeros cuentos: El Árbol y la flor; El caballo y el grillo. Tenía, más o menos, ocho años, los escribí consecutivamente y aún los recuerdo perfectamente, porque son los responsables de mi comunión con la palabra escrita”.

Uno piensa que a veces algunos seres humanos lleva una especie de condena a cuestas para andar por la vida. Hechos de los que no se puede liberar y acciones que cada vez lo acercan más a esa condena ineludible.

¿Por qué la literatura como camino para andar la vida?

Porque no tengo otra opción:  hay que embriagarse siempre, como bien escribe Baudelaire en uno de sus poemas, pero entre las tres opciones que él da –poesía, vino o virtud- sólo me queda la poesía, porque nunca he tenido ninguna virtud ni dinero para comprar vino.

En la literatura he encontrado una embriaguez tan deliciosa que no he necesitado probar ningún otro alucinógeno y si dejara de leer o escribir o conversar (que también es una forma de literatura) tendría que recurrir a las drogas pesadas o al alcohol. Ninguna de las dos opciones me entusiasma.

¿Usted fue ganador del 8 concurso nacional de cuento organizado por el Ministerio de Educación Nacional y RCN, que evaluación le hace a su escritura de ese momento hasta ahora?

Es una escritura que me sirvió para lo único que me interesa: echar bien el cuento. Cuando me refiero a echar bien el cuento no me refiero a la maestría de Faulkner ni de Virginia Woolf –ellos siempre estarán a años luz- sino a la forma en que cuentan mis papás y mi abuela: con gracia, con brevedad, sin palabras ampulosas ni dramatismos fáciles.

Los mejores días que he pasado con mi familia son aquellos en que se va la energía: las historias que cuentan mis viejos frente a una vela siempre me parecieron más emocionantes que el televisor. De hecho, el cuento que escribí para el concurso nacional fue inspirado en una historia que me contó mi papá y cuando digo “inspirado” me refiero a que lo plagié palabra por palabr.

¿Cómo es su ambiente para escribir…escucha música, o lo hace en silencio?¿Prefiere la madrugada o la noche?

Mi ambiente predilecto para escribir es el lugar donde me asaltan las ganas. Ocurre lo mismo que con el sexo: uno no puede esperar, no tiene tiempo de buscar un lugar cómodo cuando le entra la idea a la cabeza, porque escribir –como tirar o jugar fútbol- depende principalmente del estado emocional que nos toma desprevenidos y no da pie a los aplazamientos. Por eso siempre trato de tener un lápiz a mano. El papel lo consigo donde sea: una vez arranqué un cartel publicitario y escribí en el respaldo.

¿Qué considera son las dificultades para escribir ficción?

El primer impulso de todo escritor novato es escribir con un lenguaje intelectual, con palabras muy poco conocidas, porque uno cree que la literatura consiste en deslumbrar. Ésta es la dificultad más grande porque luego uno se da cuenta de que el cuento es todo lo contrario: contar una historia compleja –por la calidad de la trama, de los personajes, del conflicto- de la forma más breve y sencilla que sea posible.

La segunda dificultad está en la disciplina. Los escritores jóvenes creemos que sólo debemos enfocarnos en lo que finalmente ve el lector y no es así: antes de escribir el cuento como tal hay que construirle una historia a cada personaje, empaparse del contexto en que se desarrolla la trama, estudiar cuentos que trabajen una trama parecida. Ninguna de esas cosas va a ser vista directamente por el lector, pero son decisivas para garantizar la calidad de un cuento, así como los ejercicios gimnásticos de un futbolista son decisivos en su calidad deportiva aunque no aparezcan en ningún partido.

¿Usted es periodista y comunicador…piensa como muchos que en el periodismo están las huellas hacia la literatura?

La idea del periodismo como camino hacia la literatura cambió desde que existe el periodismo narrativo o periodismo literario. Esto lo cuenta muy bien Tom Wolfe en su libro sobre el Nuevo Periodismo: antes el horizonte del periodista-escritor se reducía a la redacción de noticias y por eso siempre esperaba con ansias el día en que una buena novela lo sacara del periódico.

Ahora el periodista-escritor puede estar muy cómodo, siempre y cuando sea bueno, como Alberto Salcedo Ramos, Alfredo Molano,  Jon Lee Anderson, Gay Talese, y la lista es larga. Incluso podría decir que mi camino es el contrario al que usted plantea en su pregunta: escribo cuentos para algún día escribir crónicas como las de Josefina Licitra o Leila Guerreiro.

¿Qué género prefiere escribir y por qué?

Si me ponen a elegir diría que el cuento, porque también hay un cuento de no ficción y se llama crónica. En ambos casos –ficción y no ficción- se trata de saciar esa sed que tenemos los latinoamericanos por contar historias.

A uno no le ha terminado de pasar algo y ya está pensando en la cara que van a hacer los amigos cuando se los esté narrando. A uno lo atracan y el consuelo es que tiene algo para contar al llegar a casa. Esto último puede parecer exagerado, pero es tan cierto que Alberto Salcedo Ramos tiene una crónica sobre el paseo millonario que le hicieron en Medellín. Aquí la dejo, por si no me cree.

¿Cuál es la satisfacción que deja finalmente toda la angustia de escribir sin saber con certeza, para qué va a servir ese producto obtenido?

Uno escribe para los demás pero también escribe para sí mismo. La gente cree que cuando escribimos es porque les queremos mostrar algo que ya tenemos en la cabeza, pero en realidad uno también se está revelando la historia en el acto mismo de escribir y no puede conocerla en toda su complejidad hasta que pone el punto final.

Obviamente antes de escribir tratamos de imaginarnos las escenas, los personajes, el ambiente, pero en realidad no podemos desentrañar bien ese mundo hasta que terminamos el cuento y entonces uno mismo se sorprende con el resultado. Eso es porque plasmamos muchas cosas que ni siquiera provienen de nuestro consiente sino también de nuestra emoción, nuestro deseo ynuestras pulsiones.

Entonces la satisfacción más grande de escribir es la de saciar esa curiosidad por saber qué hay dentro de uno mismo. Desentrañase párrafo por párrafo, palabra por palabra, es uno de los actos más íntimos y más excitantes. Aunque se escriba sobre otro –como en la crónica o en el reportaje- siempre se está desnudando uno mismo, aunque sólo sea el escritor –y tal vez los psicoanalistas-quien pueda ver esa desnudez.

Recientemente obtuvo otro premio de cuento. Cuéntenos sobre el particular.

Es un concurso que desde hace mucho tiempo me atraía porque conocí una antología de los ganadores donde habían periodistas, poetas, profesores míos de la universidad y a uno le entran muchísimas ganas de estar ahí. Se llama “Escritores autónomos” y está abierto a cualquier participante de la ciudad de Cali, sin ninguna otra limitación.

De los concursos me produce mucha fascinación el imaginarme a los jurados sopesando los cuentos, eligiendo los finalistas y luego decidiendo cuál de eso es el mejor. Lamentablemente no tuve la oportunidad de conocerlos, mucho menos de hablar con ellos, que sería lo ideal. Los cuentos ganadores –exigen dos para concursar- se titulan “No fue fácil hallar tu cadáver” y “El beso de Nadia”.

¿A futuro, Periodista o literato?

Felizmente he encontrado un género que me permite ejercer los dos oficios al mismo tiempo: el periodismo literario.

La frase que lo acompaña cada que empieza un texto y que es su motor.

No es para nada épica: “Uno no sólo escribe con los manos sino también con los pies” , la dijo Samanta Schweblin en una de sus entrevistas y aparece explícitamente en uno de mis cuentos: “No fue fácil hallar tu cadáver”. Se refiere a lo importante que es caminar para superar los bloqueos, para resolver un asunto técnico o dramático que te impide continuar con el curso de la escritura. Por lo regular, cuando uno regresa de la caminata, ya tiene  todo resuelto.

¿Sufre con los personajes de sus historias o son solamente instrumentos para poder contar?

En el caso de “No fue fácil hallar tu cadáver” sufrí por paranoia: el cuento se trata de un escritor que es acosado por sus propios personajes, que no están para nada cómodos con los destinos trágicos que les ha escrito. En algún momento me pregunté si no podría pasarme lo mismo. Pero ya se me pasó.

¿Un libro que quiera recomendar y porque?

Voy a recomendar un libro que no existe pero debería existir: una antología de cuentos del realismo sucio, desde RaymondCarver, pasando por JhonFante y Bukowsky, hasta Junot Díaz. Lo recomiendo porque son autores que hablan con las entrañas, que no tienen miedo de expresar emociones fuertes, que narran el sexo sin pelos en la lengua y sin eufemismos. En fin, todo lo que me gustaría hacer algún día.

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