César López… el de la Escopetarra

César López… el de la Escopetarra

César López es bogotano y músico un tipo cacharrero que ha pasado por tres universidades sin graduarse de ninguna. Dice que es tremendamente pendejo para los negocios, como para la practicidad de la vida. Se ha casado tres veces, tocó en la banda Poligamia y es el inventor de la “Escopetarra” que toca Juanes en varias presentaciones. Sensible en el buen sentido de la palabra, prefiere más el caos (también en el buen sentido de la palabra) que esa cosa tibia llamada estabilidad. Ha trabajado en los proyectos “Invisibles Invencibles” y actualmente está comprometido con “Resistencia Civil”. Su gato se llama Jorge Eliécer Gaitán y forma parte del grupo musical “Alma Parlantes”.

LA ESCOPETARRA

¿Qué es la escopetarra?

Es una mezcla entre el peor invento de la humanidad y el más bonito. Hay todo un juego ahí. La primera escopetarra la tengo yo y este modelo no deja ver el cañón, de modo que el fusil muere dentro del mástil de la guitarra. La segunda sí tiene un cañón que la atraviesa y esto hace parte de una reflexión: un arma se encuentra con una guitarra prestando su estructura para crear música, es decir, es un pacto de conciliación y no un ejercicio de imposición. Las primeras escopetarras fueron entregadas a Juanes y Fito Páez.

¿Cómo fue la respuesta de Fito Páez?

Yo esperaba más compromiso. Le expliqué cómo era el rollo y él se mostró muy amable. Poco a poco fue cortando la comunicación justo cuando el proyecto está creciendo. Yo no descarto la posibilidad de llamar a Fito Páez para decirle “oiga hermano, usted no ha hecho nada con la escopetarra, devuélvamela”.

¿Cómo nació la idea de transformar un instrumento de muerte en uno de vida?

Nosotros estábamos en el Club El Nogal y casualmente estoy parado con mi guitarra. Al lado mío había un soldado cuidando la zona con exactamente la misma posición. Yo estaba tocando mi instrumento y el militar tenía las manos ubicadas de igual forma, pero cargando un fusil. Entonces me resultaba imposible que dos cosas que se carguen de la misma manera, signifiquen dos cosas distintas y allí nació el ‘bombillazo’.

¿Cómo consiguió las armas?

Las cosas no salieron fáciles. Primero, visité el batallón; no conseguí armas por ese lado. Finalmente, por medio de la Alcaldía de Bogotá en donde hay campañas de desarme voluntario, me entregaron cinco escopetas y empecé la transformación.

¿La escopetarra es un instrumento político?

El instrumento es político. Es muy difícil recorrer el tema de la escopetarra sin ser catalogados. Saber que existen personajes que encuentran en el conflicto armado una solución, nos ayuda a formar parte del otro bando, de manera que eso es político y no nos atemoriza. La idea es que el mundo vea en la escopetarra un símbolo de no violencia.

¿Cuánto le cuesta a Julieta Venegas tener una escopetarra?

Nada. El proyecto está planteado para que los dos millones de pesos que cobra el constructor del instrumento los done la OIM o la UNICEF. El artista que desee tenerla, debe comprometerse a componer una canción sobre el tema, acudir al concierto en compañía de varios ‘escopetarristas’ y, por último, sólo se le entregará al artista cuyo discurso sea coherente. Yo no imagino la escopetarra en manos de un ‘reguetonero’ que toque “perrea mami, perrea, zandunguea”, porque no tiene sentido.

EL CUENTO SOCIAL

¿De qué se trató el proyecto “Invisibles Invencibles”?

La intención no era buscar más Juanes y Shakiras; era hacer un ejercicio que beneficiara a los artistas de la calle, al transeúnte, al pasajero y a la comunidad. Empezamos por enseñarle a la gente de la calle el valor que puede tener ver a un ser humano para hacer un ejercicio artístico, y les hicimos la reflexión de qué pasa o cómo eso hace una ciudad más amable o cómo ellos son los termómetros de la sociedad, o cómo ellos son una especie de sensores que sienten la esperanza, la inseguridad, el clima y la dificultad de toda la capital. Ellos terminaron por reciclar todo este aprendizaje en sus propias canciones y, en varias presentaciones, cantaron sus propuestas.

¿Qué dice a otros artistas que no están comprometidos con el país?

Muchos artistas comerciales entran a una cocina que está en llamas con un tubo roto y preparan, como si no pasara nada, un banquete. Como que en medio del “mierdero” defienden su pedazo de pastel para vender su disco. Nosotros hemos asumido el compromiso de meternos a la cocina para apagar el incendio, arreglar el tubo roto y después veremos qué se prepara entre todos. Todo esto es una invitación a los artistas.

¿Qué función tiene la música en la construcción de caminos de paz?

Yo encontré tres funciones a las que le estoy apostando. La primera es cómo a través de nuestros proyectos podemos hacer visibles cosas que la gente no ve. Eso pasa con los músicos de la calle y los campesinos que hacen resistencia civil; es tirarle el micrófono a quien no tiene voz. Segunda: hay algo particular que les pasa a varios entre los seis y quince años que “hace clic“ y los conecta con un sentido de vida. Estas personas, seguramente, nos van a buscar y esa sensación no sólo los salva de la tentación de la violencia; digamos que ya los pone en un plano distinto que los incentiva a construir. Por último, me ha llegado una historia de un líder guerrillero que un día se levantó con ganas de firmar la paz. Según los que lo vieron, el tipo había pasado el día anterior escuchando una canción. Yo no creo que la ‘pista’ en sí logre que el personaje diga “vamos a hacer la paz”, pero que lo pone en un estado distinto sí. Yo pienso que ahí hay una labor importante en la música, pues mueve la sensibilidad de muchos.

¿Qué dice a los jóvenes colombianos?

Lo único que puedo decir, desde mi experiencia personal –y no soy precisamente un ejemplo de vida–, es que hay cosas que he tenido claras. Una ha sido una decisión que recuerdo, hace unos años, en la que dije “voy a dejar de ser parte del problema y quiero ser parte de la solución”. Eso lo puede hacer cualquier joven. También dije “voy a dejar de quejarme, tengo que ser más activo”, y terminé percibiendo cómo hoy en día hay miles de jóvenes vinculados a proyectos. Hoy en día hay una cantidad de apoyo internacional dispuesto a entregarse a jóvenes que van más allá, jóvenes inventores que les duele el país. Pienso que a los jóvenes nos hace falta creer en nosotros, en todo el poder que tenemos para realizar verdaderos cambios.

HACIENDO MÚSICA

¿Cómo haces para repartir el tiempo entre los proyectos independientes y tu vida musical?

Yo tuve que ir haciendo una limpieza; una depuración de mi vida profesional. Ya no grabo para otra gente, salvo trabajos puntuales que tocan la sensibilidad. Por ejemplo, acabamos de realizar la música de la obra teatral de Alejandra Borrero, que habla sobre el abuso sexual a menores. Yo antes tenía más puesto que un bus: tocábamos en Rock al Parque, yo tocaba el bajo, la batería, hacía un jingle… Finalmente fui quedándome sólo con lo mío, y eso me obligó a que lo que me gustaba tenía que darme para vivir, situación que es complicada porque hay proyectos que no daban. Ahora siento que poco a poco la gente está tomando conciencia de la importancia de la música que toca el tema social.

¿Qué proyectos musicales vienen?

“Alma Parlantes” está interesante porque es una banda de rock que está impregnada de mensajes que hemos recogido a lo largo del proceso, incluso, hay varias frases que se volvieron canciones. La idea es tocar ‘pistas’ con la escopetarra, basándonos en reflexiones que motiven y generen conciencia en los ciudadanos. El grupo va a grabar pronto. De igual forma, vendrán nuevas formas para llegar al público. A mí me tiene inquieto el tema de Internet. Ya no le apostaría a hacer un disco, me gustaría que las canciones estuvieran colgadas en la red para que la gente nos escriba y nos diga cuál le gusta, cuál no y por qué.

Comments

comments