Fanáticos

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Fanáticos (español)

Yo ♥ los 80’s

 

Hace algunos años, por allá en los 80’s, la radio y la televisión estaban evolucionando a un paso tan veloz que era casi imposible no quedar atrapado en las tendencias que eran prácticamente impuestas por nuestros queridos hermanos del lado Norte del continente.

Todo se convirtió en una obsesión para la vibrante juventud de los 80’s y el anglicismo “fan” (El cuál es una abreviación de la palabra “fanatic” en inglés) entró a nuestro vocabulario como muchas de las adiciones lingüísticas infundadas por la música importada y los espectáculos en vivo.

Todo mundo se hizo fan de algo: Un cantante, una boy band, un atleta, o de la comida chatarra (cortesía de la Invasión Americana)

La industria de la moda inundaba con plumas, ropas sueltas, denim, sandalias y terribles cortes de cabello.

Los 80’s fueron una explosión de nuevas tendencias y comportamientos cuestionables, y el mundo se abrió a aquellos que querían explorarlo.

Crecer en Colombia durante los 80’s me hizo darme cuenta de qué cosas soy fan y de cuales no tanto. Un buen ejemplo de ello es la música; Parezco estar atrapada en una cápsula del tiempo en donde encuentro mucho más enriquecedor escuchar “True Colors” de Cyndi Lauper que cualquier canción de algún regguetonero fastidioso. Y en lo que respecta al look, pues prefiero tener un cuerpo curvilíneo que estar llena de silicona como una muñeca Barbie.

La transición de una generación a otra no ha sido sencilla, si te percatas de la situación, una buena cantidad de personas nacidas y criadas en los 80’s y que tenían acceso a la educación, están abandonando el país en un fenómeno llamado “Brain-drain” (Fuga de cerebros). No soy fanática de esta situación, pero cuando uno trata de pensar en grande, parece que no hay otra opción.

Ahora que me encuentro en la mitad de mis treintas, puedo ver porqué tantos de mis compatriotas colombianos son tan apasionado frente a cosas básicas que rodean su diario vivir: Cerveza barata, malos programas de televisión, reinados de belleza sosos, música sin sentido, noticieros sensacionalistas y partidos de fútbol aburridos y monótonos; la razón es sencilla: Funcionan como un efecto placebo ante la cruda realidad en la que vivimos.

Cuando nos hacemos aficionados a alguien o a algo, tomamos el riesgo de crear una realidad paralela en donde acomodamos las cosas a nuestra conveniencia. Tal vez yo soy parte de esa generación ochentera que continúa soñando con los días pasados en donde ser un fan era un juego inocente. Hoy, muchos colombianos son fanáticos de su “cómodo” estilo de vida, y esa idea se ha plantado de una manera tan profunda en la mente de las personas que los ha terminado convirtiendo en el peor tipo de fanáticos, aquellos que están cegados.

 

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Writter: Ana María Arias
Twitter: @anmarigi
Ana María Arias

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