Julia Salvi: La primera dama de la música clásica en Colombia

Julia Salvi: La primera dama de la música clásica en Colombia

julia silvi

 

Es una de las líderes que más compromiso tiene con la cultura en el país. Esta Economista nacida en el Valle del Cauca, ha dedicado su vida a acercar el arte, la música y la cultura a nuevas audiencias en todo el mundo. Siendo joven viajó a Europa, donde finalmente se radicó. Estuvo casada con Víctor Salvi, fundador de la compañía constructora de arpas Salvi Harps, una de las más importantes del planeta. Gracias a su pasión musical, ella junto a su esposo, se embarcó en la aventura de crear un festival que reuniera lo mejor de la música clásica mundial, teniendo como sede a la mágica, pero a la vez desigual ciudad de Cartagena. Desde hace diez años nuestro país puede disfrutar, durante los primeros días de enero, la belleza sin igual de las notas de los violines, los violonchelos y las arpas, interpretados por los más destacados músicos del mundo. El Festival Internacional de Música de Cartagena, es, sin duda, el referente de un trabajo social que demuestra que aún hay esperanza en nuestro país.

 

Investigando sobre las entrevistas y reportajes que han hecho sobre usted en estos diez años del Festival, nos encontramos que en algún momento de su vida quiso ser monja, eso suena como a una vocación por el servicio, ¿cómo ve esto?

Eso era lo que yo quería. Desde muy pequeña he sido propensa a preocuparme por los demás; creo que para mí era importante de alguna forma poder ayudar a aliviar las circunstancias o las dificultades de los otros, aún si no los comprendiera con totalidad. Cuando naces en un país como Colombia con tantas diferencias sociales, es importante desarrollar la sensibilidad que te permita entender las necesidades de los otros. Eso me pasó a mí. Con el tiempo comprendí que las cosas no hay que darlas por darlas, hay que ir más allá. Por ejemplo si yo decido dar de comer a una persona pero no la educo ni le doy trabajo, la convierto en un handicap, es decir, alguien que no puede valerse por sí mismo. Por esa razón yo creía en ese momento de mi existencia que la vida religiosa era lo más apropiado, porque en ella había dignificación de los seres humanos.

 

¿Qué la impulsó a hacer lo que hace?

Hubo una época de mi vida donde me afectó mucho la situación social de mi entorno, en la que tuve que comprender que las diferencias sociales en mi ciudad nos había causado mucho daño y que era importante hacer algo. Por eso me fui: a aprender de otras sociedades el trayecto que las han convertido en lo que son, del porqué de las oportunidades y el bienestar que le brindaban a sus ciudadanos. En ese viaje de descubrimiento, estando en Inglaterra, me casé con un italiano quien había fundado su vida en el enriquecimiento espiritual basado en la música y con el que me uní a la admiración por compositores como Beethoven, Mozart, Tchaikovsky y Stravinsky, entre otros. Estando allá descubrí los programas orquestales, la orquesta en sí, sus directores… un conjunto de cosas de las que tuve la oportunidad de ser parte. En esos tiempos me uní a su trabajo de la construcción de arpas, instrumentos bellísimos que tocan el alma. Años después regresé a Colombia, mucho más consciente de lo que debía hacer y junto con mi esposo, inicié esta tarea de construir a partir de la música.

 

¿En qué momento tuvo esa necesidad de hacer un evento musical?Concierto Clausura Cartagena Music Festival- foto- Andres Londoño-3315

Todo surgió gracias a una serie de experiencias que viví junto a mi esposo cuando regresé a Colombia. Asistir a los conciertos del Conservatorio de Cali, conocerlos proyectos sociales musicales como ‘Batuta’, observar los programas creados por Margarita Escallón en Cartagena, haber recorrido toda la Ciudad Heróica y ver la belleza de sus templos; no perdernos ningún concierto de la Filarmónica de Bogotá en el León de Greiff; vivir las maravillas del Festival Mono Núñez y del Festival de Música Sacra de Popayán, entre otras muchas cosas hermosas, me dieron a mí y a mi esposo el impulso de crear nuestro sueño. Nació en nuestros corazones la necesidad de construir país a través de la música.

 

¿Qué tanto ha cambiado usted en estos diez años del Festival?

Después de diez años no soy la misma: he vivido el país desde lo profundo; he tenido la oportunidad de tocar a la gente, de encontrar esa diversidad de circunstancias y de recibir el afecto de todos los niveles sociales. Quiero tener la confianza de todos para poder por fin llegar a la unión. Dejé muchas comodidades, muchas cosas; las materiales no me duelen, pero las emocionales sí. Sin embargo, he aprendido que desprenderse es parte de la vida.

 

En las playas de Cartagena no es que se escuche mucho a Beethoven. ¿Usted qué piensa de que otros géneros musicales sean más populares que la música clásica?

Has tocado un tema fundamental, en otra entrevista me preguntaban sobre qué pensaba de la champeta. Yo lo pongo así de sencillo: ¿te acuerdas de aquella época cuando bailar y escuchar salsa o ir a Juanchito era una vulgaridad? ¿O lo que decían de los que bailaban tango? Soy sincera, a mí me gusta bailar champeta, así no tenga idea alguna de sus pasos básicos; trato de moverme, y me gusta escucharla. Todas esas manifestaciones, expresiones y trabajos se deben dar; son válidas para la identidad cultural. Lo que nos falta es únicamente poner orden y saber vender.

 

¿Qué ha hecho usted cuando ha vivido los momentos críticos del Festival?

Espero escribirlos en mi memoria para cuando ya no tenga esta responsabilidad, porque eso entorpecería mi labor. Pero cuando pasan momentos duros sólo me dedico a caminar sola por las calles, donde hago hago esa reflexión espiritual para asumir el valor y la fortaleza para seguir adelante.

 

¿Cómo será el Festival en 10 o 20 años?

Esa es una preocupación que he empezado a sentir hace un par de años. Me gusta trabajar con muchos jóvenes porque veo en ellos la construcción de un legado y  porque sé que ellos quieren aprender y transformar el país. Sé que en uno de ellos depositaré la confianza para que entienda lo que esto significa; para que lidere y continúe este Festival.

 

Cifras del Festival Internacional de Música de Cartagena:

– En sus ediciones anteriores, el festival ha ofrecido casi 250 conciertos en 25 locaciones de Cartagena a los que asistieron 170.000 espectadores. Participaron aproximadamente 1.200 artistas nacionales e internacionales y 28 jóvenes talentos colombianos.

– También se ofrecieron 36 conversatorios y 136 talleres de reparación de instrumentos. Un total de 77 conciertos se transmitieron por televisión.

 

Autor: Andrés Cifuentes
Fotografía: Andrés Londoño

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