¡Lluvia, peleas y Rolling Stones!

¡Lluvia, peleas y Rolling Stones!

Lluvia, peleas y Rolling Stones

Cuando supe que venían los Stones a Bogotá, mi primera reacción fue “hay que verlos antes de que alguno de ellos se muera”. Ya me había pasado con Michael Jackson, y eso que era como 100 años más joven que Keith Richards: mi temor estaba justificado.

Obviamente había que aprovechar la preventa exclusiva porque después de esa no iban a quedar boletas en localidad que yo pudiera pagar. Era eso o cruzar los dedos para ganarme una rifa de la W. Pero resulta que la preventa era exclusiva para clientes del grupo Aval. ¿Quién demonios tiene cuenta allá? Nadie que yo conociera, en todo caso. Cuando ya estaba resignándome a que no iba a alcanzar a la preventa (ya me había pasado con Madonna, en ambos conciertos), supe que un pariente de una amiga tenía una tarjeta de crédito de un banco de Aval, así que por ahí fue.

El día de la preventa, justo a las 12:00 de la madrugada, el pariente compró sus boletas y mi amiga, las nuestras. O eso creímos, porque aunque Tu Boleta cobró rolling stones en colombiaelvalor, no aparecían las boletas. A las 3 de la madrugada mi amiga se iba poniendo más colorada mientras le resolvían los de servicio al cliente. Hasta que la niña al otro lado del teléfono cometió el error de su vida: le dijo “pues compre boletas en otra localidad y después le devolvemos la plata”, y ahí fue cuando mi amiga se convirtió en Super saiyajin fusionado con Freezer tras su quinta transformación.

Aunque el pariente hubiera tenido el cupo para cubrir lo que cobró Tu Boleta más las entradas adicionales (y no estamos hablando de asientos de $200 mil, que eran los más baratos), el punto es que quince minutos después de la apertura ya prácticamente no quedaban boletas de preventa. Así que la oferta de reponer el valor no cubría ni de lejos el costo de oportunidad. La empresa no prestó el servicio por el que se le pagó y además impidió que se pudiera obtener el servicio en otro lado. Mi amiga estaba en llamas.

Después de dos días de angustia, de armar escándalo en redes sociales y estar a punto de denunciarlos en la W (lo mismo le pasó a un montón de gente), por fin el operador respondió y que todo bien. Pero bueno, sin pelea no hay concierto, ¿verdad?

Casi seis meses después, el gran día llegó. Los Stark eventualmente tienen razón y preciso ese día el invierno cayó sobre Bogotá con una tormenta tan espantosa que las vías colapsaron, se cerró el aeropuerto y se fue la energía en los alrededores del estadio. Los vendedores de plásticos para la lluvia surtieron a los asistentes mojados como pollos que a las 7:00 pm. Seguíamos haciendo fila a pesar de que las puertas se abrieron desde las 5:00 pm. Al ingreso hubo tal pelotera que sólo logramos entrar cuando la Policía logró sacar a los colados más evidentes que no vieron la necesidad de hacer una hora de fila como todos los demás. Pero todo bien, porque concierto sin pelea a la entrada, no es concierto.

juanes y mick jaggerFinalmente llegó el momento. Toda el agua, la pelotera y el hambre quedaron atrás cuando la banda apareció. Quienes fuimos con un poco de morbo a ver si los músicos serían capaces de sostenerse en pie quedamos afortunadamente defraudados. Aunque cada década que pasa Keith Richards se parece más a la reina Isabel de Inglaterra, estos tipos no son viejos sino leyendas. Parodiando a Maroon 5, Mick se sigue moviendo como Jagger, saltando y corriendo por todo el escenario (una inmensa T que llegaba hasta casi la mitad de la cancha), mientras Charlie Watts sigue siendo todo un lord inglés tras su batería, con la espalda más recta que la mayoría de su público 50 años más joven. La participación sorpresa de Juanes en “Beast of Burden” y del coro de la Javeriana en “You can’t always get what you want” fueron detalles muy bonitos que enamoraron a los presentes. Ya no sentíamos a Mick como una estrella lejana sino como el amigo pinta del salón al que uno envidia, y que no tiene problemas en bajarse una oblea con aguardiente aunque le cueste un tremendo guayabo al otro día. Y que consume religiosamente el producto estrella de Colombia (él aclaró que estaba hablando del café, malpensados).

En resumen, el espectáculo estuvo a la altura de las expectativas. Los que no alcanzamos a aprendernos las letras de las canciones no tuvimos problemas para cantar a grito herido los coros que conocimos desde el vientre de nuestras madres. Qué noche. Después de sentir en vivo el poder de los dioses del Rock, uno sale renovado y deseando llegar a los 80 años con la vitalidad de estos músicos, que han sobrevivido a las drogas, el alcohol y todo tipo de excesos como si nada. No sólo no hay peligro de que dejen de tocar en los próximos años, sino que si sigue funcionando el sarcófago donde regeneran a Mick cada noche, los Stones van a seguir rodando por el planeta cuando sólo quede Amparo Grisales para escucharlos.

 

Autor: Andrés Meza Escallón
Twitter: @ApoloDuvalis
Andrés Meza

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