Sí hay cama pa’ tanta gente

Sí hay cama pa’ tanta gente

Ilustración: Camila Villota

Con pasaporte latinoamericano nació la salsa un verano en nueva york.

Oigo sonar las trompetas, se oyen los cueros sonar, Ricardo viene de frente con su sonido bestial, yo reconozco el sonido pues es una mezcla brutal que cuenta cinco millones de historias que tiene la ciudad de Nueva York, una de ellas habla de una familia que vi pasar, liderada por un señor de edad, una doña, dos muchachas y varias personas más; otra habla de María Teresa y Danilo, quien siempre viste de traje, y ella que viste de hilo. Historias de familias colombianas, puertorriqueñas, venezolanas, cubanas, mexicanas, panameñas, dominicanas y haitianas; personajes que hoy nos ponen a bailar.

En los majestuosos años 60 se gestaron todo tipo de revoluciones culturales. Sin embargo la música cubana que había gozado de gran popularidad en los 40’s y 50’s comenzaba a perder vigencia y en New York se sentía un agotamiento musical; las bandas boricuas influyentes no captaban la urgencia por acelerar el ritmo que proponía el cambio cultural. Las ‘Big Bands’ se quedaban en los titulares de un periódico de ayer, y poco a poco fueron surgiendo nuevas fusiones rítmicas. Así, los boricuas se pusieron a mezclar, entre el son montuno, el latin jazz y la guaracha. Fueron sintiendo los cueros, como yo siento el timbal, y entre maracas que ríen, sintieron los cuerpos vibrar, poniéndonos a bailar al mejor estilo africano.

Para poder seguir, un alto en el camino quise hacer, porque en todo este proceso un pueblo más tenemos que reconocer, debido a su gran pauta cultural. Los esclavos haitianos, en el siglo XVIII en el gran éxodo en Haití, emigraron al oriente de Cuba fabricando fantasías, buscando bajo el farol del pueblo conversar, y en una fiesta linda celebrar su libertad. Llegaron llenos de influencias francesas debido a la relación con sus amos, se mezclaron con los cubanos y ¡Oiga, mire, vea! Aquí queda comprobado que fue el sincretismo entre España, Cuba, Francia y África lo que llevó al Son Montuno, y como dirían los Lebrón ¡que jala, que jala mi guaguancó, el son montuno lo traigo yo!

Si usted va llegando váyase entonando que de baile en baile yo sigo contando pues es bueno que sepa que ésta no es la misma historia triste y sin final, no es el mismo cuento de nunca acabar, es la historia del género que nació con pasaporte latinoamericano, sin pueblo natal pero con infancia feliz. Aunque muchos pueblos proclaman la gestación salsera, debemos reconocer que los latinoamericanos compartimos unas pautas culturales influenciadas por el tránsito Africano-español caribeño y la influencia haitiana en Cuba.

Es el acervo cultural que compartimos, mezclado con el escenario y los ritmos norteamericanos lo que desarrolló la música de grandes como La Fania. Así nació la salsa, y en el mundo en que ésta vive, siempre hay cuatro esquinas y entre esquina y esquina encontró tambores, timbales y trompetas. Quiero quedarme a contarles un poco más, pero el comandante ¡mando a parar! Ahora me voy y como Tito Nieves quiero ir a soñar que en el cielo una fiesta enorme hay; se escucha el coro, un coro tan feliz, Héctor la voz, Pete el Conde, Ismael, Tito y Frankie Ruiz. También debemos sumarle a la negra azucarera…ay bendita seas Celia.

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