ÁVILA-MERINO ABOGADOS

El derecho como estrategia preventiva

¿Quiénes son?

Juan Sebastián Ávila y Luis Miguel Merino son los fundadores de la firma. Ambos abogados egresados de la Universidad Icesi. Juan Sebastián es especialista en Contratación Estatal de la Universidad del Externado y Derecho Procesal General de la Universidad Libre de Bogotá. Luis Miguel es especialista en Derecho Laboral y Relaciones Industriales de la Universidad del Externado, además de contar con estudios en Actualización en Derecho de Seguros de la Pontificia Universidad Javeriana.

Después de encontrarse laborando en una importante firma de abogados decidieron emprender su propio camino. Fundaron hace dos años su firma especializada en asesoría legal para empresas y el Estado. La firma, cuentan, nació de conversaciones entre hueco y fiestas de la universidad y aunque ha sido un camino pedregoso, en el que irónicamente invirtieron mucho más tiempo que trabajando para alguien, saben que todo el esfuerzo por lograr la independencia valió la pena, pues se encuentran en un lugar privilegiado del sector.

¿Qué hacen?

La firma presta servicios jurídicos a compañías y entidades públicas, con el valor agregado de la acción preventiva, ofreciendo a las empresas una asesoría que podría evitarles problemas a futuro y no la forma tradicional de entrar a ‘apagar el incendio’. Las asesorías de la firma son integrales, evitan a toda costa consolidar un problema y para ello se han ingeniado un portafolio muy apetecido para trabajar como proveedor de servicios fijos dentro de sus usuarios. Más que abogados se perciben como grandes vendedores y ofrecen personalmente el portafolio, de esa manera han cautivado a las empresas más grandes del Valle Del Cauca a pesar de su juventud y se han vuelto competitivos en el sector, incluso frente a firmas que llevan muchos años en el tema de la asesoría legal.

¿Para dónde van?

La meta es ser la firma de abogados más grande del sur occidente colombiano, consolidándose como una empresa de servicios jurídicos integral en un plazo de diez años. Para ello necesitan ser cinco veces más grandes de lo que son. Todo ello para que en un plazo de veinte años, la firma pueda funcionar prescindiendo de la presencia de sus fundadores y perdure a pesar del tiempo.

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