César Valdebenito

César Valdebenito

Cesar Valdebenito 44Escritor chileno cuya literatura ha sido definida como cruda, agresiva, violenta, insólita. Y no es extraño; desde pequeño conoció muy de cerca las drogas, la fuerza poderosa de las porras de la policía, la cárcel y a los 17 años se internó en una clínica para terminar con su suicida adicción a los documentales de asesinatos y sangrientos abortos. Hasta hoy, ha publicado dos libros de poemas, una polémica antología de poetas y una novela. Sus cuentos han aparecido en revistas alternativas: Paréntesis, El amante de la china del norte, Click!, Mocha, etc. Se ha dicho que la narrativa de Valdebenito construye un extraordinario retrato histórico, social, cultural de la Latinoamérica contemporánea.Considera que el escritor es un ser obsesivo.

¿Cuál es el fin que desea lograr con su escritura?
Mi literatura es un pretexto para limpiar mis propios nidos nocivos. No me interesa lograr ningún fin. No soy un tipo altruista ni mesiánico. Escribo porque no tengo nada más qué hacer, escribo para sacar afuera mis obsesiones, escribo para asesinar los fantasmas que me persiguen, escribo porque estoy ocioso.

¿Sin embargo pareciera que desea comunicarle al lector algunos de sus problemas?
No, ningún lector perdona jamás a un escritor que lo utilice para su terapia personal.

¿Cuál fue la primera reacción de la crítica establecida ante su literatura?
Al comienzo se rieron, luego comenzaron a poner caras de terror. Tal vez no advirtieron la profundidad de la olla en que yo estaba cocinando.

Escribió un cuento en el que aparece la actual presidenta de la república Michael Bachellet teniendo una relación sexual en su juventud, un episodio que dura alrededor de 41 minutos.

¿Puede comentarlo?
Sí, la reacción fue bastante virulenta. Fue publicado en una página en Internet y al parecer los gemidos de los orgasmos los escucharon los organismos secretos del Estado, los cuales se demoraron tres días en echar abajo la página. Entonces vino una sobre reacción de las revistas independientes de Internet, muchas lo publicaron al mismo tiempo y a la Presidenta no le quedó más que hacerse la de la vista gorda. En todo caso es comprensible lo que sucedió, no cualquiera anda revelando los coitos de juventud de nuestra mandataria, sin duda, ella es una mujer muy frígida, así es que no sé qué les molesta. Sólo escribí lo que pasó, nada más. Decían: ¡Estos pormenores indignos de publicación! Y cosas por el estilo. Parecía que yo la había espiado desde la puerta o que la había grabado con una cámara desde atrás de una cortina. Supongo que para gran parte del pueblo chileno fue como obligarlos a beber de la copa de sus propias excreciones y eso me divirtió mucho ya que me confirmó que en Chile nunca nadie había desarrollado un relato con la misma eficacia.

Usted es escritor, ¿No encuentra paradójico haber escrito feroces textos contra la literatura?
Es justo lo que dices. La literatura es algo tan sucio como el resto de la vida.

¿A qué se debe que su público cautivo sea esencialmente joven?
Usted es continuamente llamado a dictar talleres de escritura creativa en las Universidades.Supongo que a los jóvenes les interesa lo que escribo porque lo hago con una mirada innovadora. Ellos se dan cuenta que intento con una simple observación penetrar en los océanos de Marx, Spengler, Heidegger y Tolstói, con Dostoievski y Kierkegaard entre bastidores, es decir, entrar en las cámaras de tortura de la conciencia moderna, y yo creo que si no se escribe de esa forma entonces ¿para qué escribir?

Creo que ha vapuleado a cuanto narrador Chileno se le ha cruzado ¿Es así?
En Chile los narradores actuales son mediocres. He tenido el buen cuidado de no aprender nada de ellos. Es frustrante leer a Marcela Serrano, Lafourcade, Lemebel, Camilo Marks, Fuguet o Rivera Letelier. A lo sumo, son capaces de narrar un hecho pintoresco y engañar a ingenuos lectores.

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