Proyecto Chasquis

Proyecto Chasquis

El 25 de enero de 2004 salió de la Tertulia en Cali una camioneta Volkswagen 97 tapizada de calcomanías y tripulada por dos aventureros: el joven cineasta Juan Manuel Peña y ‘su viejo’, el profesor universitario Víctor Manuel Peña. Junto con su hermano Igor (quien les cayó en Perú) pasaron por Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, y regresaron por Perú y Ecuador a Colombia el 15 de diciembre de 2004, casi 11 meses después.

El proyecto Chasquis (nombrado así en recuerdo de los mensajeros incas) nació de una idea de Víctor, y se concretó con sus dos hijos. Aunque el objetivo común era conocer Suramérica como viajeros (no como turistas), cada uno tenía razones personales y profesionales para emprender el viaje. Víctor buscaba enterarse de los movimientos sociales y la tendencia literaria de cada país, mientras Igor, biólogo de UniValle de 27 años y cinturón negro de TaeKwonDo, quería intercambiar experiencias en esta disciplina. Juan Manuel buscaba conocer más sobre documental en el resto de Suramérica y realizar su primer largometraje en este género a partir del viaje. Para lograrlo cargaron sus cámaras, videos sobre TaeKwonDo, material audiovisual sobre el conflicto colombiano y, cómo no, la Mochila de documentales colombianos.

Desde el comienzo estos Chasquis no querían ser como los turistas que, aparte de sus dólares, es más lo que se llevan (fotos o artesanías) que lo que dejan; prefirieron ser viajeros que viven más la experiencia sin itinerarios fijos. Fieles a su idea, se lanzaron a la carretera sin más seguridad que la del hospedaje en Quito, pero por lo general cada huésped les recomendó a alguien que los recibiera en la siguiente población por poca plata o incluso gratis. Cuando no lo lograban, se disputaban el interior de la camioneta con el equipo y equipaje que llevaban ingeniosamente empacado.

Como la premisa del proyecto era compartir, típicamente abrían conversatorios sobre el conflicto colombiano y mostraban documentales. Adicionalmente Igor vendía en las academias copias del material que había llevado sobre TaeKwonDo y ocasionalmente servía como instructor. Con estas actividades tanqueaban, comían y dormían, ya que también pretendían con el viaje demostrar que era posible viajar con poca plata siempre y cuando se llevara una propuesta.

Gracias al proyecto no se sintieron discriminados por ser colombianos. Los guardas fronterizos, en el peor de los casos, los paraban por pura curiosidad (tal vez les daba pereza desarmar y revisar esa camioneta). Sólo una vez, ya saliendo de Argentina, la policía les pegó una raqueteada tenaz, con perros antinarcóticos y todo, pero en todo el resto del viaje pasaron sin problemas.

Observaron que Colombia es un país donde todo el mundo está poniendo los ojos, sobre todo los personajes de izquierda que creen que acá todavía se está haciendo la revolución, para los cuales las Farc y el ELN son héroes de los que no se puede hablar mal. También encontraron que los bolivianos y argentinos tienen una marcada militancia política, a diferencia de Colombia donde ni siquiera los jóvenes que tienen alguna consciencia política militan en nada. En Paraguay iniciaron un altercado al decir que en Colombia no se estaba haciendo revolución alguna y que esa palabra no tenía el mismo significado que allá donde aún se la toman en serio.

Por esta razón no llevaron cine colombiano ni fueron buscando cine de ficción. Compartían documentales porque se aproximan más a la realidad que querían que se conociera. Curiosamente, se encontraron con que en Suramérica se está haciendo mucho más documental que cine de ficción.

Del viaje regresaron con 60 horas de grabación, muchas fotos digitales y en filminas, osea mucho trabajo todavía por hacer, como el documental sobre el viaje, escribir un libro ilustrado y realizar una exposición multimedia donde se entremezclen video, documental y fotografía. Este proyecto también sirvió a Igor y Juan Manuel (recién graduados de sus respectivas carreras) para crecer y mostrar resultados como si hubieran cursado un posgrado, como una experiencia alternativa a la de muchos estudiantes a quienes sus padres y entorno ya les programaron qué van a estudiar después de acabar su pregrado. Un viaje de este tipo es una forma de enfrentar miedos, de romper con lo tradicional.

Aparte de eso, los tres Chasquis crecieron como personas al reconocerse como amigos que construyeron una relación de adultos más allá del parentezco padre-hijo-hermano. Como quien dice, iniciaron un viaje que aún no termina.

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