Brigitte Baptiste: Reivindicando la diferencia

Brigitte Baptiste: Reivindicando la diferencia

Pie de Foto: ‘Colombia está más lejos de erradicar el machismo que de firmar la Paz en la Habana’, Afirma la biológa.

‘Colombia está más lejos de erradicar el machismo que de firmar la Paz en la Habana’, Afirma la biológa.

Por Laura Ballesteros
@LauraMarcela_B

Briggitte Luis Guillermo Baptiste es bióloga y experta en el manejo de recursos naturales. Desde hace cinco años dirige el Instituto Alexander Von Humboldt y desde hace 16 decidió asumirse como la mujer libre que describe ser. Briggitte, quien vive a plenitud su feminidad, le contó en entrevista a Revista El Clavo cuál es su perspectiva de las principales problemáticas que enfrentan, no sólo las mujeres, sino cualquier persona que se autoexcluye de los prototipos de género convencionales.

 

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¿Cómo trabaja el Instituto Humboldt en pro de la mujer?

Si bien no tenemos una política explícita de género o de estudios de la mujer, somos muy cuidadosos en términos de construir interpretaciones múltiples de todos los fenómenos socio ecológicos que nos caracterizan, y dentro de ellos identificar los grupos humanos que se encuentran en condición de minoría o desventaja, con el fin de garantizar que todas las voces sean oídas. Algunos proyectos rápidamente desarrollan compromisos con grupos de mujeres, siempre indagamos por su participación y niveles de articulación con los procesos de gestión de la biodiversidad. Es una política de reconocimiento, ante todo.

¿Cuáles son las principales problemáticas asociadas con la mujer en el país?

Violencia intrafamiliar y de género, física, pero muy marcadamente psicológica. Diría que esta última está asociada con una concepción cultural machista del mundo, realmente una enfermedad histórica difícil de reconocer en sus más profundas expresiones porque llega a ser constitutiva de órdenes o regímenes de comportamiento que, recurriendo a algún reconocimiento de diferencias entre los seres humanos, construye jerarquías y espacios de discriminación.

¿En qué aspectos necesita empoderarse la mujer?

El primero, en auto reconocerse como una mirada de posibilidades, es decir, resistirse a ser encasillada bajo ningún criterio homogeneizador. No existe “la mujer”, sino “las mujeres”, y éstas, en permanente evolución y cambio. A partir de allí, cada quien debe afirmarse como persona capaz de participar plenamente, sin restricciones, en el ejercicio de sus derechos: no hay nada en que la condición de género sea excluible.

¿Cuál diría que es la principal diferencia en la manera en cómo se percibe la mujer desde la perspectiva de ambos géneros?

La diferencia en las percepciones es parte de esa construcción cultural que define el color con que se mira, por tanto, son las construcciones vigentes de lo femenino y lo masculino las que determinan su mutua cualidad, y habría que referirse a las representaciones y los roles actuales de las personas como fuente de esa validación. En la práctica, si realmente queremos y estamos dispuestos a hacer el ejercicio, lo que evidenciamos es la liberación radical del ejercicio de la sexualidad con independencia de su rol reproductivo, y por supuesto ello implica incluso una mayor erotización de lo femenino, que está siendo distribuida con mayor homogeneidad entre toda la población.

¿Cómo vive su feminidad?

Como una expresión estética e ideológica, que afirma la libertad de las personas de manifestarse con pleno apego a su voluntad. La femineidad es una construcción social y pública, asociada con momentos específicos de la historia y con un fuerte contenido erótico. En mi tradición occidental, la asumo como el origen de una reivindicación vital y radical de mis derechos y los de todas las personas a disfrutar su cuerpo ilimitadamente y a participar de un proyecto ético basado en el goce, que puede incluir, pero no se reduce, a la reproducción. La feminidad, además, es un proyecto comunicativo y restaurador de los vínculos entre las personas, a partir de la misma apropiación y expresión de la sensualidad, la creatividad y la interactividad entre los miembros de la sociedad.

¿Qué tan difícil fue asumir la apariencia femenina?

Fue una exploración que se originó en la convicción de “haber nacido mujer”, algo que sin embargo sólo se construye racionalmente al ir madurando: la identidad de género es una de las primeras imposiciones que nos hacen en la vida, sutil y espontáneamente: no elegimos. Con el tiempo, se cuestiona y es la experiencia de “las otras mujeres” la que seduce y me anima a construirme. La “apariencia” resulta más de la mezcla y experimentación continua del cuerpo, la representación de mí misma en el mundo y la conversación que ello genera, radical porque cuestiona a todas las personas acerca de su cuerpo, su voluntad de presentarlo ante el mundo y ponerlo en juego. Para mí, es un ejercicio de búsqueda cotidiana, de ampliación de la frontera sensible y de la sexualidad que nos mueve a experimentar lo vital apasionadamente.

En su familia, usted es el padre…

Realmente no asumí ningún rol “de padre”… Ser biológicamente el aportante de la mitad del genoma no representa nada, y la gestación de Adriana un vínculo compartido. Ella y yo somos una pareja que cuida y consiente a sus hijas sin mayor identidad de género, pues nada de lo que hacemos es prescriptivo en ese sentido: ambas promovemos una visión responsable y gozosa de la vida, y esperamos que Candelaria y Juana Pasión crezcan como quieran, en términos de su identidad y sexualidad. Los roles que conocen, las alimentan y pueden cuestionar son los de su familia ampliada, nuestras amistades, su contexto escolar y lo que perciben del resto del mundo. Por supuesto, nosotras transmitimos miles de cosas inconscientemente, pero tratamos de poner sobre la mesa cada una de ellas en cuento emerge como un elemento del desarrollo de nuestra familia.

¿Cómo hacer para que socialmente se elimine la diferencia entre alguien que nació mujer y alguien que quiso serlo?

Hacer que se respete la voluntad de las personas como el fundamento de la libertad y de su capacidad de participar, desde esa condición, como miembro de la sociedad. Ello implica una interpretación radical de la condición humana en la Constitución, que reconoce y valora la diferencia, pero no prescribe el criterio para adoptarla, y mucho menos entrega a la medicina o a la biología la capacidad de discernir o valorar la diferencia, especialmente si ello implica acciones discriminatorias negativas.

¿Desde qué aspectos educativos considera usted que debe trabajarse para generar un cambio de mentalidad?

Hay que cuestionar cotidianamente la forma en que construimos o inducimos la diferencia, desde la escuela más básica. El hecho de que nuestros cuerpos al nacer posean anatomías distintas no puede ser fundamento de una estructura de derechos 10, 20 o 100 años después. Niños y niñas deben saber que nadie ni nada puede interferir con su propia exploración del mundo a partir del reconocimiento de su posición en él, protegidos por los adultos, pero no falsamente “guiados” por cualesquiera de los dogmas que se apropian del espíritu de la gente incluso antes de nacer.

¿Cuál es su posición respecto a la adopción de niños por parejas del mismo sexo?

No se me ocurre por qué una diferencia anatómica o biológica entre personas que conviven y comparten su amor pueda ser un obstáculo para su reconocimiento como fuente de afecto compartido y ámbito de crianza; al contrario, encuentro profundamente discriminatorio y ofensivo que algunas personas se tomen la atribución de juzgar a los demás y definir sus derechos con base en criterios veterinarios. Eso es inconstitucional y arbitrario.

¿Y qué opina del rechazo a esta iniciativa?

Creo que se trata de un gesto de incoherencia respecto al fundamento cultural con el que organizamos nuestras sociedades. Ocasionalmente puede identificarse con visiones religiosas dogmáticas, pero no siempre, también hay otros mecanismos autoritarios a los que acuden las personas para posicionar su verdad (o sus mentiras convenientes), revelada o no, como fundamento del ejercicio del poder. En gran medida creería que se trata de un temor gigantesco al ejercicio de la libertad, producto histórico y de sus propias limitaciones en el ejercicio de la sexualidad.

¿Qué tan lejos está Colombia de erradicar el machismo?

(Risas)… ¡Mucho más lejos que de la firma del acuerdo por la paz!

¿Qué tan machistas son las colombianas?

Tanto como los hombres: se trata de una enfermedad cultural, fuertemente dispersada por la figura y prácticas de la maternidad, la aparente naturalidad de su ejercicio y la construcción de estereotipos simplistas respecto al rol de las personas en la crianza. En particular, la interpretación religiosa de algunos grupos respecto a la virginidad como fundamento de virtud, la exclusión de la sexualidad como fuente de creatividad sigue siendo la principal fuente de sometimiento de lo femenino a lo masculino.

¿Qué tanto tiene Brigitte de mujer y qué tanto de hombre?

20.000 años de historia cuestionada, unas pocas décadas de mezcla, unos pocos años de experimento vital… a la vista.

¿Por qué ser mujer?

Porque es una forma de ser y expresarse como persona -hasta el momento con más posibilidades de libertad- y para experimentar hacia el futuro.

¿Qué es lo más femenino que tiene?

La libertad.

Tres valores que toda mujer debe tener.

Los de toda persona: autonomía, honestidad, respeto a todos y disposición a cambiar… ¡Uy! Como los tres mosqueteros. Cuatro, entre muchos otros.

¿Cómo describe la mujer colombiana?

Multiversa, polisémica, retadora, y a la vez sumisa, víctima, silenciada. Pero me resisto a contribuir con cualquier estereotipo.

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