Daniel Samper Ospina

Daniel Samper Ospina

Daniel Samper Ospina tiene 32 años, es hincha del Santa Fe y director de la revista SoHo desde el 2001. Pensó mucho antes de aceptar la dirección porque le parecía que era una revista muy insultante para la realidad social de Colombia. Fue columnista de Cromos, El Tiempo y Diners. Estudió Literatura en la Javeriana y en Boston. De ideales progresistas, simpatiza más con la izquierda que con la derecha. Se autoexcomulgó en una entrevista en Caracol a raíz de la reciente polémica con el tema del aborto. Hubiera deseado que su padre fuese proctólogo en vez de escritor y periodista, para no ser considerado un delfín del periodismo.

El periodismo de SoHo

¿Qué es lo interesante de SoHo?
Que no es una revista de fotos de modelos famosas en situaciones eróticas, sino que eso ha sido una especie de caballo de Troya para que dentro haya artículos con temas elementales, interesantes, de muy buenas firmas colombianas y latinoamericanas. Esa era la gran apuesta y demostró que una revista que no subestime a los lectores tiene éxito. Esas revistas tipo ALÓ que hacen unas ‘noticas’ tontas, que creen que a la gente le aburre leer, están condenadas al fracaso. Yo creo que cualquier persona puede comprar la revista por ver a Catalina Aristizábal en ligueros, pero ojeándola no se aguanta las ganas de leer un artículo como el de Navarro Wolf: “Cómo es la vida sin una pierna” (cómo hace para tirar, cómo hace cuando va a la playa, ¿duerme con la prótesis?) y muy bien escrito.

¿Ese es un giro que se le da a la revista a partir de que tomó la dirección?
Yo creo que sí, porque antes no había ninguna intención intelectual en su director. Quería hacer una revista muy de estilo de vida muy buena, con fotografías y no artículos. Yo creo ciegamente en los artículos. Se le da contenido sin ‘mamertizar’, sin que los temas sean aburridamente culturales, pero yo siempre he creído que SoHo no es una revista light. Los temas son amables pero el tratamiento es muy profundo.

¿Cómo es el pago a las modelos?
A ellas no les pagamos, ni un solo peso, por varias razones. La primera es porque eso es imposible de tasar. ¿Después cómo hago yo para saber cuánto le debo pagar a una modelo? Natalia París por un desnudo dice que $200 millones y ¿eso está bien, es poquito, es mucho? Y segundo, porque SoHo definitivamente dentro del mundo del modelaje es una especie de tarima iluminada que les va a convenir también a ellas al final en términos económicos.

¿A alguna de ellas le ha dicho que no, porque le va a cobrar?
Sí, a Paola Turbay por ejemplo.


Los medios de comunicación

¿Para usted qué es la libertad de expresión?
Si me lo pide como una definición, es el pilar fundamental para vivir en una sociedad democrática. Prefiero los excesos que puede producir la libertad de expresión, a los excesos que produciría una sociedad en la que no se pueda vivir con libertad de expresión.

¿Hay monopolio de los medios en Colombia?
Eso ha cambiado bastante. En un pasado había una concentración muy grande de los medios en dos grupos económicos. Los medios estaban al servicio de una empresa finalmente y no eran empresas periodísticas en sí mismas, sino que eran utilizadas para vender cerveza y gaseosa, pero creo que el mapa de los medios se ha ido moviendo mucho. Ahora con la entrada del grupo Prisa se ha formado un archipiélago distinto, El Tiempo se ha posicionado bastante como empresa periodística sólida, Semana también. Es decir, yo veo que cada vez hay más movimiento de empresas periodísticas. Ahora, eso está en cabeza de cinco personas.

Los escándalos

Hace tiempo salió una publicidad en donde salía una indígena desnuda, con los pechos descolgados y el aviso decía “mejor lea SoHo”. ¿Qué pasó con eso?
Pasó que a partir de ahí yo me responsabilicé de todo el contenido publicitario que saliera en SoHo. Me pareció absolutamente repugnante, ofensivo, asqueroso. Fue hecho por los del departamento de mercadeo de acá, no lo hicieron a mis espaldas, pasaron en un instante que yo estaba en uno de esos momentos cumbres: noche de cierre, nueve y media de la noche, yo estaba con dos mil artículos por leer. Pero fue un error de apresuramiento, nunca se me hubiera ocurrido hacer algo así. Apenas salió, lo primero que hice fue pedir excusas públicamente, ese no es el mensaje que debe dar SoHo, sin duda.

¿Cuál era la intención de recrear el cuadro de la última cena de Da Vinci con personajes de la vida nacional, acompañada por un artículo de Vallejo?
No era la de ofender a nadie, son planteamientos estéticos que se han elaborado. Como hemos hecho la versión para adultos de los cuentos infantiles, hicimos esta vez la temática de Cristo. Pero son simplemente temáticas, son pretextos para hacer fotos, sino que evidentemente esta vez las fotos hirieron susceptibilidades religiosas y nos hicieron saber que la revista circula muy bien entre curas, entre gente del Opus Dei y seminarios; eso me gustó mucho. Es una foto que está en perfecta coherencia con lo que es SoHo. No es la primera vez que en SoHo sale una mujer desnuda, no es la primera vez que SoHo utiliza personajes de la vida nacional y los descontextualiza. Para cualquier lector habitual de SoHo esas fotos no fueron hirientes, ni escandalosas. Fue para el Magistrado Alejandro Ordóñez, o toda esta gente del ala extrema de la iglesia católica colombiana. Primero la habrán visto y saboreado en silencio y luego la utilizarían para congraciarse con sus seguidores católicos.

¿De qué lo acusan? ¿En qué consiste la demanda?
Tengo tres demandas, todas son absurdas. Pero en realidad hay dos delitos. Uno, por el que están acusados todos los de la foto, que es contra los agravios a las personas o cosas dedicadas al culto. Consideran algunas personas que esto es un agravio contra los católicos, lo cual es curioso porque Alejandra Azcárate es católica, bueno, yo tengo mi fe de bautismo por si las moscas. Entonces me están demandando a mí a nombre mío, es decir, ¿dónde consiguieron ellos la credencial de que ellos son los representantes de los católicos? Es lo primero. Hay algo ahí y es que si el fallo sale en contra nuestra, ¿qué vamos a hacer para saber qué se puede y qué no se puede manejar con la temática religiosa? La temática religiosa no pertenece sólo a la fe sino a la cultura, a nuestra cultura. Toda la música clásica que hay alrededor de la religión es parte de la cultura, eso no tiene nada que ver con la religión necesariamente. ¿Qué hacemos si a Botero le da por pintar una última cena con gordos? ¿Eso es un agravio también? ¿Lo metemos preso? Y el otro delito es injuria, pero solo contra mí y contra Fernando Vallejo.

¿No le da miedito?
Pues sí. Lo curioso de esto es que la Fiscalía recomendó la preclusión, o sea que aquí no hay ningún delito. Es una estupidez seguir juzgando esto, y el juez no la aceptó. Significa eso para nosotros que aquí hay un tema político, no jurídico. Y en esa medida, pues sí, me aculilla un poco que pase algo. Y a Vallejo querían meterle una demanda también por incitación al genocidio, porque en un momento del artículo él menciona “que viva la revolución mata curas”. Cuando yo le conté eso a Vallejo por mail, él mandó un artículo respondiendo que lo publicamos en la edición de Johanna Bahamón, un escrito que se llama “Palabras a mi juez”. Ahí él decía que retiraba lo dicho, que era una aseveración muy grave que él dijera “que viva la revolución mata curas”, que le iban a dar mucha cárcel, que él no quería matar a ningún cura, que él quería matar era al Papa. Que a él le daba lástima los curitas, pero que al Papa si lo quería agarrar y torcerle el pescuezo. Muy divertido.

¿Volvería a publicar artículos como éste que lo ha puesto a dar vueltas?
Mil veces, y dos mil si me llega a pasar algo.

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