Diego Ramírez: amor y delirio por el cine

Diego Ramírez: amor y delirio por el cine

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Este caleño es Ingeniero Industrial de la Universidad del Valle, con una especialización en el Externado en Gerencia de Proyectos, quien, gracias a una señal del universo, decidió irse a Nueva York a estudiar producción de cine en The New School University, decisión, que para bien, le transformó la vida de manera radical. Tiene su propia productora: 64-A Films. Es el productor responsable de cintas como “Perro Come Perro”, “Doctor Alemán”, “En Coma”, “Todos Tus Muertos”, “180 Segundos”, “Hiroshima”, “Uno: Historia De Un gol” y la más reciente “Ciudad Delirio”.

¿Cómo llegaste a ser productor de cine?
Siempre tuve la motivación de hacer cine desde que estaba en el colegio. Cuando iba a los teatros y salía de ver una película notaba que me afectaba demasiado. Recuerdo que asaban diez minutos después de la función y aún me sentía dentro de la historia. Eso me sorprendía. Desde esa época supe que aquello era lo que deseaba hacer. La posibilidad de inventarme universos; de jugar casi a ser Dios: ya que con el cine tú puedes crear o destruir; matar o revivir.

Tiempo después, y de nuevo por circunstancias especiales, entré a trabajar como profesor en la Universidad del Valle, donde abrí un programa en el que el séptimo arte era la constante. Ahí me acerqué de nuevo a mi pasión, ya que en uno de los auditorios de aquella Universidad pude ver muchas piezas cinematográficas, gracias a las proyecciones libres. Pero en 1999, tras una crisis institucional tuve que retirarme de mi empleo, hecho que me impulsó a tomar la decisión loca de irme Nueva York a estudiar Producción de Cine en The New School University hasta 2003, año en el que se aprueba la Ley de Cine y decido regresar a Colombia.

A partir de ahí monté mi primera empresa, con la que hice varios audiovisuales y en la que arranqué mi primer proyecto titulado “Perro Come Perro”. Lo que vendría después ustedes ya lo conocen.

Ciudad Delirio es una hermosa película con una historia sencilla pero a la vez enternecedora que de seguro enamorará a los espectadores.

¿Por qué tu empresa se llama 64-A Films?

Se llama así porque con ese número empezaba la dirección de la casa donde crecí. El significado radica en que, a pesar de que el cine es glamuroso y te da mucha adulación, no puedes olvidar nunca de dónde vienes. Ese número me regresa a mis raíces, a mi esencia; me ancla al suelo y no me deja arrastrar por la tormenta de la fantochería, que a veces, tristemente, es este mundo del séptimo arte. Ahora bien, 64-A Films no es una productora de cine ni tampoco una productora de televisión, es en realidad una empresa que desarrolla propiedad intelectual para ser distribuida en plataformas fílmicas y/o en medios audiovisuales. La misión de la empresa es concentrarse, no en el ejercicio de producir, sino en el ejercicio de generar ideas y contenidos. Ciudad Delirio es un ejemplo claro de esa práctica, ya que fue un proyecto mandado a hacer debido a la demanda del mercado. El resultado: una hermosa película con una historia sencilla pero a la vez enternecedora que de seguro enamorará a los espectadores.

¿Cómo son los espectadores del cine colombiano?

En nuestro país el hombre decide ir a cine, pero la mujer o los niños son los que escogen la película, ese es como el estándar. Pero aquí en Colombia se hacen películas para hombres, no más, excepto las películas de Dago que son muy familiares, por eso una señora no va a ver una película colombiana, por eso el cine colombiano tiene tan poca afluencia: porque hacemos películas que la gente no quiere ver. Hubo una reflexión en la empresa en cuanto a los contenidos del cine colombiano, y la conclusión es que la gente se cansó de ver las historias de los guerrilleros, narcotraficantes y delincuentes, por mucho que retraten o denuncien la realidad social.

La gente se cansó de ver las historias de los guerrilleros, narcotraficantes y delincuentes, por mucho que retraten o denuncien la realidad social.

¿Cómo fue hacer Ciudad Delirio?

Fue como abrir una trocha en el monte. Fue arriesgarnos el todo por el todo con un género poco explorado por los realizadores colombianos. La motivación fue

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que nos dimos cuenta que el público que asiste al cine no lo hace por intereses culturales o educativos, lo hace por propósitos sociales. Entonces, después de la reflexión, es donde empieza el diseño de la película, en el que optamos por la comedia romántica. Ahí fue cuando nos asociamos con la española Helena Manrique, quien ha sido productora de grandes filmes como El Laberinto del Fauno y El Orfanato, y quien, bien sea contado, es una enamorada total de Cali y su cultura. Fue ella quien propuso a la directora española Chus Gutiérrez, quien con su visión particular le dio un toque mágico e innovador a la cinta.

¿Cómo fue el trabajo social de la película con los bailarines?

Lo que más orgulloso me pone de todo, es proceso. Para nadie es secreto que los bailarines de salsa son personas que salen de los barrios más deprimidos de Cali, quienes gracias a la danza han podido construir un proyecto de vida diferente. La película les otorgó esa oportunidad de lucirse, de demostrar que sí se puede alcanzar los sueños por muy altos o difíciles que parezcan. Lo curioso es que la gente piensa que ser bailarín de salsa es sinónimo de ser rumbero, cosa que no es cierta, ya que estos muchachos en realidad son atletas de alto rendimiento. La disciplina es algo que llevan muy marcado en sus vidas.

¿Por qué hay que ver Ciudad Delirio?

Porque es una película muy divertida. La gente se identificará con los personajes y con la historia. Y porque sencillamente produce felicidad a quien la ve.

¿Cuáles son los próximos proyectos de 64A Films?

Tenemos una unidad de televisión que está desarrollando proyectos de TV. Tenemos en este momento un portafolio de cine donde movemos 11 películas, de todos los géneros, buscando un poco industrializar los procesos de producción.

 

 

 

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