Entrevista Rafael Pardo

Entrevista Rafael Pardo

La violencia reproduce violencia. Las guerras sólo se acaban cuando se terminan las causas y eso solo sucede cuando las víctimas sienten que la razón para la violencia ha terminado.

Perfil
Rafael Pardo es bogotano y economista de la Universidad de los Andes. Tiene posgrados en Economía, planeación urbana y relaciones internacionales. Ha sido profesor universitario y ha ocupado cargos importantes como el de Director Plan Nacional de Rehabilitación, Consejero para la paz y fue el primer civil en ser Ministro de Defensa Nacional. Se ha desempeñado como director de los noticieros RCN y Noticias UNO. Hoy es Senador de la República. Ha publicado varios libros entre los que se destaca “La historia de las mil guerras”, y es tal vez uno de los hombres que más ha estudiado el problema de la guerra en Colombia.

¿Por qué cree que persiste el conflicto colombiano?
Casi todos los conflictos de la historia muestran que es más difícil terminarlos que empezarlos, acaban reproduciéndose esencialmente por el papel que cumplen las víctimas. Aquí pasamos de la violencia entre los partidos Liberal y Conservador de los años 50, a la guerra de guerrillas de los años 60. Los integrantes de estas guerrillas son en su mayoría personas que sufrieron la violencia de los 50. La violencia reproduce violencia. Las guerras sólo se acaban cuando se terminan las causas y eso solo sucede cuando las víctimas sienten que la razón para la violencia ha terminado.

¿Pensando en el mediano y largo plazo, cómo se le puede poner fin a la guerra en Colombia?
Ponerle fin a la guerra significa primero darle un espacio a quienes han sufrido, sino se les da espacio, los resentimientos terminan generando una espiral de violencia. Darle espacio a las víctimas es descalificar la violencia, es decir: la violencia no sirve, las ganancias económicas de la violencia deben ser eliminadas. También quienes están combatiendo deben tener un espacio, tanto los reinsertados cómo los soldados. Nosotros le estamos dando como sociedad un salario mínimo a quienes, abandonan el paramilitarismo y nos parece normal que los soldados arriesguen la vida sin tener ninguna ventaja frente al resto de los colombianos que no la arriesgamos.
Creo que debe haber posibilidades de diálogo, pero solo cuando el gobierno tenga la certeza de que el diálogo llevar a que el grupo armado se termine. El diálogo por el diálogo no tiene sentido. Pero no debe basarse todo en la presencia estatal solo con la fuerza, también es necesario hacer presencia institucional.
¿Qué efecto a futuro cree que se dará en el país, debido a que hay una juventud la cual ha nacido y crecido en medio de la guerra, del miedo y la pérdida de la confianza en el Estado?

Lo único que yo planteo es que no nos acostumbremos a eso. Es más fácil empezar una guerra que acabarla. Debemos volver propósito nacional el terminar con este conflicto.
¿Qué cree que va a pasar con el negocio de la coca?
Pues si es un negocio tan bueno, alguien va seguir con él así se encarcele a los que estén en eso hoy. Yo creo que se debe llegar a un punto en el que, o la coca ya no sea rentable en Colombia porque se sustituye por otro producto; o porque se pasa a otro país la producción de ésta. El problema de Colombia es que va seguir existiendo narcotráfico mientras siga siendo un negocio tan rentable.
Es imposible pensar que Colombia pueda erradicar ese problema por si misma. Pensar en una legalización autónomamente resulta imposible aún para la nación. Éste es un tema global. Así que lo único que se piensa por el momento es en contención, buscar reducir los espacios donde se produce la droga y desestimular el enriquecimiento ilícito.

¿Cuál es la diferencia entre el proceso de desmovilización de un grupo guerrillero que lideró los 90 y el de las autodefensas?

Hay dos diferencias centrales. La primera es que en la desmovilización de los 90, todo un grupo se desmovilizaba, eso quiere decir que pasamos de un estado en que existía un grupo armado en acción, a no tener grupo y solucionar el problema. En éste proceso eso no es claro, no sabemos realmente que es lo que está pasando. Un día se desmoviliza un grupo, al otro día aparece otro, y ya resulta un estímulo rentable querer volverse paramilitar para desmovilizarse y recibir un salario mínimo por un año y medio. Ese es el problema de los procesos graduales, que no siempre conllevan al objetivo.
La otra diferencia es, esencialmente el sentido político de los grupos. Mientras hace 15 años los grupos guerrilleros tenían cómo propósito pasar de la vida armada a la vida civil para participar en política; hoy, el propósito de los grupos es pasar de la vida armada a la vida civil para lograr condiciones judiciales favorables. Esa diferencia demuestra cual es el sentido de los proceso, mientras que en los 90 la discusión era sobre acceso a la política, hoy en día se trata sobre condiciones judiciales razonables. Los jefes guerrilleros de los 90 buscaban participar en política, los jefes paramilitares quieren legalizarse, participar en la política para resolver sus problemas judiciales.

Hay dos diferencias centrales. La primera es que en la desmovilización de los 90, todo un grupo se desmovilizaba, eso quiere decir que pasamos de un estado en que existía un grupo armado en acción, a no tener grupo y solucionar el problema. En éste proceso eso no es claro, no sabemos realmente que es lo que está pasando. Un día se desmoviliza un grupo, al otro día aparece otro, y ya resulta un estímulo rentable querer volverse paramilitar para desmovilizarse y recibir un salario mínimo por un año y medio. Ese es el problema de los procesos graduales, que no siempre conllevan al objetivo. La otra diferencia es, esencialmente el sentido político de los grupos. Mientras hace 15 años los grupos guerrilleros tenían cómo propósito pasar de la vida armada a la vida civil para participar en política; hoy, el propósito de los grupos es pasar de la vida armada a la vida civil para lograr condiciones judiciales favorables. Esa diferencia demuestra cual es el sentido de los proceso, mientras que en los 90 la discusión era sobre acceso a la política, hoy en día se trata sobre condiciones judiciales razonables. Los jefes guerrilleros de los 90 buscaban participar en política, los jefes paramilitares quieren legalizarse, participar en la política para resolver sus problemas judiciales.

¿Cómo se está llevando a cabo el proceso de la ley de Justicia y Paz? ¿Es Suficiente?

No solo no es suficiente, sino que, creo que va a ser negativa para la paz nacional. En el sentido que no va producir plena justicia, va a producir una desproporción en la aplicación de justicia. Un ladrón de bicicletas va a tener un mínimo de cuatro meses de cárcel, mientras el autor de 10 masacres va a tener un periodo de reclusión mucho menor. No hay una proporción de la pena respecto del delito.  No hay una recompensa a la sociedad, en el sentido que las personas que vallan a recibir esa rebaja de pena, digan la verdad ante la justicia. Si no hay confesión, no hay verdad plena. Sin verdad no hay justicia ni reparación a las víctimas.
Otro punto interesante de destacar es que cómo esta ley permite el acogimiento tanto parcial como individual, no garantiza el desmantelamiento de los grupos, sino una migración hacia el crimen organizado.

¿Qué opina de la relación colombo – venezolana?

Es muy difícil, porque en Venezuela se ganó una revolución democráticamente, y esa revolución se ha ido consolidando por la vía electoral, de una forma legítima. Y eso hace que el régimen político venezolano sea muy distinto al colombiano, hay diferencias de percepción sobre que significa del estado, el papel de ciudadano, y de otro lado somos irremediablemente vecinos, un millón colombianos viven allá, y se trata de nuestro segundo socio comercial. Es una situación de difícil administración, pero que implica un muto respeto a pesar de no ser regimenes gemelos, y una defensa muy estricta del interés nacional.
¿Qué opina de la forma de gobernar de Álvaro Uribe?

Creo que es una forma de gobernar basada en una persona. El ha logrado transmitir que es el líder correcto en este momento. Pero me parece que es una forma muy personalista de gobernar y eso tiene muchos riesgos. Tiene el riesgo de que el líder se equivoque, segundo la arbitrariedad y presenta un problema: el autoritarismo.
¿Qué papel están jugando los medios de comunicación en Colombia, en especial El Tiempo? ¿Hay suficiente libertad de prensa?
Hay muy pocos medios de comunicación, pero el problema no es de los que existen sino de los que no existen. Es decir, que uno no puede decir que haya poca libertad de expresión porque existe un solo diario nacional cuando no existen más. No hemos sido capases como sociedad, de consolidar otros medios de comunicación, y en comparación con la región tenemos un panorama relativamente limitado. Pero no hemos tenido la posibilidad de superar esa brecha. El problema no es de El Tiempo, ni tampoco del mercado.
¿En qué aspecto se queda corto el modelo educativo colombiano?
Sobre el sistema primario y secundario, yo buscaría alternativas para que el niño tuviera más tiempo de ocupación en actividades curriculares o extracurriculares. A mi me parece muy nocivo el tema de la media jornada. Debe haber alternativas para una jornada de tiempo completo, o mecanismos para actividades de uso constructivo del tiempo entre los jóvenes, con deporte, cultura, o con actividades lúdicas. Esto podría alejar a los jóvenes de los problemas de bandas, drogadicción y desocupación.
Para la educación terciaria y universitaria, una vinculación entre las prácticas universitarias en empresas, es decir acercar la empresa al sistema educativo. Ahí yo buscaría un mecanismo de servicio social universitario obligatorio, que podría ir sustituyendo el servicio militar, pero no completamente, sino para aquellos que no hacen servicio militar. Eso conecta a la sociedad con gente de buena educación en beneficio de un tejido social que se va generando a través de educación.

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