Leonardo Salazar

Leonardo Salazar

Fotografía: Álvaro Rojas - EL CLAVO

Tiene 34 años. Estudió Economía, una Maestría en Educación y Desarrollo Humano, un diplomado en Economía de la Cultura y un tutorado en Filosofía de las Ciencias. Es fundador y dueño de Pizza al Paso, pero dice que cuando grande le gustaría ser matemático o filósofo.

Vivió dos años en una iglesia en Toribío, Cauca, mientras hacía trabajo social. Sueña con ir a Bariloche. Le gustan muchos géneros de música, pero no soporta ni las rancheras ni la música electrónica.

¿Cómo comenzó con Pizza al Paso?

Pizza al Paso comenzó en septiembre 9 de 1999, en el barrio Normandía con un solo empleado y cuatro mesas, yo atendía y hacía de todo. Poco a poco fuimos creciendo, irrumpimos con un concepto de una pizza diferente: la pizza italiana campesina, que es gruesa, esponjosa, hecha en moldes rectangulares. Eso a la gente le empezó a gustar.

Unido a eso estaba el tema artístico, que a pesar de ser un espacio pequeño yo hacía todos los días poemas y se los regalaba a la gente; se hacían exposiciones de fotografía y a la gente le comenzó a cautivar.

Hoy en día Pizza al Paso cuenta con seis sedes comerciales, 82 empleados y seguimos haciendo la tarea.

¿Por qué la mezcla de comida con cultura?

Porque para mí la alimentación es un acto integral, que involucra todos los sentidos, la cabeza, el corazón, ya para ello utilizo como herramienta las diferentes expresiones artísticas.

¿Qué te motiva a trabajar por la cultura en Colombia?

Que creo que el arte es un motor de desarrollo, de transformación social que amplía el horizonte social de la gente, que nos hace más sensibles, que nos hace entender otros puntos de vista y en ese orden de ideas, creo que el arte le aporta a la inclusión social.

¿Cómo de estudiar Economía te metiste en el mundo de la culinaria?

Básicamente porque había una oportunidad en el mercado. Hace 11 años había un desarrollo muy incipiente. Era una buena opción de negocio en esa época.

Adicionalmente porque al salir de la universidad, necesitaba generar recursos para que mi familia estuviera bien. Eso no me lo permitía un salario, tenía que hacer un desarrollo propio.

¿Cuál ha sido el reto más grande como emprendedor?

El reto más grande es uno no perder el norte. A veces cuando las cosas están difíciles, el tema de uno flaquear, de cerrar los ojos y decir “no va más”, “me voy a meter a otra cosa que sea más fácil”, “no tengo por qué apostarle al arte si igual la gente viene a comer”. Y sostener toda la propuesta artística es costoso. Esa oportunidad que siempre hay de dar un paso al costado… no darlo es lo más difícil. Seguir firme, creyendo en el proyecto, en el concepto diferenciador del espacio.

¿Piensas que realmente los jóvenes le apuntan a la cultura?

El arte tiene una particularidad interesante: no es exclusivo ni excluyente. Es decir que el arte no molesta, a nadie le molesta una pintura, un buen cantante, una buena película.

Cuando uno va a cine podés estar al lado del Papa o al lado de un matón, pero se presenta de igual manera para ambos, es decir que no excluye, no discrimina tu forma de ser.

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