#Columna: Historia de gatos para adultos

Soy la verdad. Si me buscas estoy en tu boca después de las dos am. Te pinto un gemido en la lengua para que puedas saborearme mientras duermes. Dejo que la cama se empape de tu vida y luego visto tu piel con mi saliva, paladeo tu diafragma mientras se comprime hasta tu ser. Hago una pausa y tus ojos son la tregua que me advierte que voy ganando, quiero que brille el universo en tu mirada, que bajo tu ombligo el vapor me queme hasta los bigotes, me acerco a tu oído solo para decirte tan hermosa que estás, Señorita gata, tan ya no sé quién eres pero aún eres hermosa. Los gatos estamos hechos de música, esto lo sabe muy bien mi amigo Billie, tenemos demasiados sueños pendientes; sueños que se quitaron el vestido y se quedaron desnudos y te hacen despertar de un brinco mientras sueñas que quieres a una gata que ya no está, a una señorita gata de alguna otra vida. Los gatos no pensamos en cómo te ves, pensamos en cómo tu aromas mientras te respiro. No nos enamoramos de las curvas sino de los colores. Estamos hechos de música y la noche siempre suena a somos libres.

Comprendemos el amor como devorar y ser devorado, por ejemplo; con la mirada, con el tacto con el sudor, con la lengua, con las palabras hormigueando el oído, con la respiración calentando el cuello o tu vientre, con los bigotes caminando por tu tobillo, con las manos ajustándose a ti en un abrazo.

Yo creo que enamorarse de una misma gata puede suceder muchas veces, como enamorarse de las flores. Es como enamorarse de una misma primavera muchas veces, también creo -desde pequeño- que si se sufre un poco en el trayecto puede que el dolor te salve, gato, puede que el amor te pierda. Nunca olvides, folla y quiere cuanto puedas, gato, no dejes que la vida te pase por la cara sin tener un desamor bajo la almohada. Quítate de la cabeza esa idea morbosa de ser felices, suéltate un poco la corbata, los bigotes, y disfruta el colofón de esta escena.

Y tú no te preocupes, señorita gata, no voy a ver en vos ningún tipo de esperanza, de aliciente. Para mi vas a ser el narcótico que aliviará un poco esta muerte. Esto de que los días se vuelvan un mismo día con matices distintos. No te abrumes si abuso un poco de que has venido dispuesta a saciar tus incertidumbres, ya vas a tener tu venganza, cuando lo sepas todo y lo hayas disfrutado todo en mí, como para irte.

Columnista: Pavel Stev

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