Las piernas de medias y los pies de dibujo

Las piernas de medias y los pies de dibujo

Foto: Lina Botero

La ciudad de las pocas lomas y los agujeros rotos, muy rotos, fue espectadora de un diálogo con los pies. Fue espectadora en un territorio de uso ajeno. En un territorio en el que el paso doble y los trajes de blanco y rojo son protagonistas anuales, sólo que esta vez se dio el traje blanco y la ausencia de la sangre.

Al principio comenzó la historia del animal. De ese animal humano que se introduce en la naturaleza para acabar con todo a su paso. Era el otro animal, el verdadero, el instintivo, resistiéndose al hombre que quiere acabar con sí mismo y con su manada.

Después, a la luz de una luna cubierta por tenues nubes, estaba aquel hombre, ese mismo hombre asesino, reconciliándose con su más ferviente y servidora víctima: la naturaleza.

Era una noche de poca luz, y de mucha danza. De trompetas, saxofón, percusión, trajes blancos, y mucha, pero mucha gente en un paradójico panorama. Donde se danzó por más de dos horas, habitualmente se celebra la muerte. En la plaza de la muerte de los toros, se vio danzar con unas zapatillas blancas, se vio danzar a hombres semidesnudos y se vio danzar al mismo espectador que iba de una lado a otro con la mirada.

Llena. Llena estaba esa plaza de la muerte de los toros. Esta vez ese espectáculo no tenía sangre, era de pies literalmente sobre la tierra, llevando al público a soñar, a contarle verdades, preocupaciones y posibilidades de futuro, al ritmo de aquel hombre que una vez contó historias de cascanueces y cisnes.  

Comments

comments