ENGANCHADO

ENGANCHADO

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He pasado las dos últimas semanas sacándole tiempo a mis lecturas para ver Narcos (2016). Lo mío es una especie de voyerismo que me surge con todo aquello que tenga que ver con la guerra que azotó a Colombia a finales de los años ochenta. Por fortuna o por desgracia, el tiempo lo dirá, las producciones de este tiempo y de ciertos protagonistas aparecen contantemente.

En Narcos, se cuenta la historia de Pablo Escobar y su organización criminal. A su alrededor se dan algunos detalles de la forma como los carteles funcionaron, de cómo la corrupción se convirtió en el gran aliada del crimen organizado y de cómo el terror era como el aire en un país de 35 millones de secuestrados.

En Narcos la narración la realiza un agente de la DEA, Steve Murphy, quien transita de ambientes sórdidos y violentos con ejecuciones extrajudiciales ha casas de familia con lujo desmedido pasando por oficinas de altos dignatarios hasta cuarteles de guerrilleros o paramilitares. La mirada del diferente sobre un mundo que es nuevo pero que se rinde a sus pies o a sus armas, depende de la mirada.

La incidencia del gobierno norteamericano en la guerra vivida en Colombia es un hecho irrefutable y resulta muy interesante que los creadores Chris Brancato, Eric Newman, y Carlo Bernard, hayan decido contar la historia desde esa perspectiva. Obviamente, dicha elección no es gratis. El narrador es un personaje y su incidencia en los hechos hace que tenga ciertas emociones que lo invitan a emitir juicios sobre las acciones que los delincuentes acometen de una manera fuerte y decidida. Sin embargo, en los momentos en los que las fuerzas del Estado “sobre pasan la línea”, el narrador personaje o participa o emite juicios de una manera menos efectiva. Singular, por no decir más.

El lenguaje visual de la serie es muy pulcro. Los exteriores dejan ver la belleza de nuestro país. Lo interiores asumen el contexto con precisión. La opulencia de algunos decorados se contrapone con la pobreza extrema de los otros. A la mejor manera de las grandes producciones de NETFLIX, el arte es impecable. Ya a la hora de la revisión de los acentos de los personajes, quedo uno con cierta desazón. Lo mismo pasa con las actuaciones de algunos de los personajes de reparto. En ambos casos demasiado histrionismo.

La historia gira en torno al capo antioqueño. A diferencia de otros documentos audiovisuales. Se presenta como un hombre ambicioso y despiadado. Situación que no contrasta con el amor que tiene para con su familia. Producir a un personaje con una psicología tan compleja como la de Pablo Escobar, y de un país que lo convirtió en un héroe nacional no es fácil y creo que la obra logra demostrarlo en sus dos temporadas.

Entre las muchas inconsistencias históricas que presenta la serie  ―la ficción no tiene por qué decir la verdad― es imperdonable que presente a los hermanos Castaño como guerreros antisubversivos y no cómo lo que realmente fueron.  Espero que quienes vean la serie, entiendan que la historia colombiana siempre supera la ficción.

Me hubiera gustado que se le diera más visibilidad a los daños y el horror que sufre el pueblo. Ellos aparecen como un mero decorado. Y si bien, existen personajes que podríamos vincular con dicho conglomerado, también es cierto que han sido y serán ellos, el pueblo raso, los que sufran los rigores de la guerra.

Pablo Escobar fue uno de los peores criminales de nuestro país. Creo que el menor de sus delitos fue el de exporta miles de toneladas de cocaína al extranjero. Fue él y su locura por el poder el que perdió a toda una generación de jóvenes, que murieron entre las balas de una economía ficticia. Fue él quien ahogo en llanto a una generación. Fue él quien le vendió a una generación, aún no nacida, la idea de que en para conseguir lo que se quiere: todo se vale.

Por: 

Felipe París

@felipe_paris

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