¿Y quién toma el control del ciberperiodismo?

¿Y quién toma el control del ciberperiodismo?

No es casualidad que a unos estudiantes de un colegio de Cali, les guste trabajar en la redacción de su periódico digital. Tampoco que a otros les guste trabajar en una emisora en un barrio de cualquier ciudad del país.

El periodismo surge así. De las ganas de comunicarse, que son innatas a todos los seres humanos, pero sobre todo para los que pierden el temor a hacerlo.

Hoy los programas de televisión por internet en canales de YouTube, dan para todo. Incluso el hijo de Sofía Vergara está produciendo un T.V. show, siguiéndole los pasos a su connotada estrella maternal. Por acá la serie animada “Desocupe Masivo”, que muestra cómo son y qué piensan en Cali sus jóvenes, cada día gana más seguidores.

El ciberperiodismo nace, se reproduce, pero los comunicadores deben seguir la esencia: Investigar, cotejar, corroborar las informaciones, y estar al día en el manejo de las nuevas tecnologías, las redes sociales y el mundo 2.0.Para lograr todo lo anterior, hay que formarse y no “desperfilarse”. La función social de informar, es tal vez una de las más delicadas; incluso puede generar desde el caos hasta la caída de una sociedad.

Ahí viene un debate: ¿Hasta dónde hay un sentido de su labor entre las personas que hoy ejercen el periodismo, en sus nuevas tendencias de redes sociales?

En el espectro de las comunicaciones, las ofertas hoy son más variadas. Sobre todo en un país con más de 9 millones de personas que hoy tienen acceso al “Facebook a la colombiana”.

Pero ahí es donde surge la inquietud, en medio de este boom: ¿quién está regulando lo que se está transmitiendo? La respuesta, nadie.

Hoy la gente transmite lo que quiere y como lo quiere; y no hay más que el autocontrol y el sentido común, por respetar quienes reciben la información.

Hace pocos años, se presentó una situación similar en Cali con respecto a la información en las emisoras de F.M. y la proliferación de espacios dedicados a “pegas” y episodios sexuales de los oyentes. Esto generó que se establecieran varios acuerdos y propósitos de mejorar en los contenidos.Años después, al recorrer el dial, no es que esta situación haya mejorado del todo -sé y conozco a personas muy profesionales que están al frente de emisoras juveniles, y que han forjado profesionalismo- pero también he escuchado otros programas, en los cuáles lo que menos importa es respetar a quien está al otro lado del micrófono.

Y si esto pasa con los que se supone que tienen reglas y normas del Ministerio de Comunicaciones, ¿que estará pasando con todo aquel que cuenta con su espectro en nuestra cibersociedad para informar? ¿Qué puede estar pasando con las emisoras virtuales, los canales alternativos vía internet o los blogs?

La apuesta por el periodismo es una de las opciones más bellas que hay en la vida. Pero antes se debe entender el nivel del oficio que se va a desempeñar; se debe tener el “control” de lo que se va a difundir, contar, enviar, pero sobre todo, que se le aporte a la sociedad.

La sociedad, finalmente, es la que tiene el control para recibir, escuchar o ver lo que quiere; pero ¿hasta qué punto se va a “colar” el descontrol informativo?

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