Una generación ante el destino

Una generación ante el destino

¿Qué tal si deliramos por un ratito? ¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible? La invitación a esa locura nos la entregó Eduardo Galeano, una propuesta tan certera como difícil de realizar, y eso la hace más interesante… la utopía es mi orgullo, la imaginación, la idealización, los anhelos y la paz. Esa es la utopía en un país como el nuestro, en el que la guerra y su irracionalidad fueron nuestro punto de partida y de llegada, el virus de la consciencia y el bien. La opción no es ni nunca lo será la paz y la guerra, la decisión supera esa simpleza, la esencia es enfrentar un reto de frente, así, con la mirada en alto, llena de dignidad, aceptando errores, los mismos que abrieron las cunetas de infamia llenas de sangre inocente y pobre, los cúmulos de intolerancia e irrespeto por la vida.

La construcción de una nueva Colombia, aquella que hoy sólo nos podemos imaginar y con la cual tenemos el compromiso de crear para vivir, no para morir, es el destino. Por esas y mil razones, el orgullo más grande para esta generación es hacer parte de una ola de oportunidades que al amanecer serán realidades y pasando los días se materialicen en prosperidad general.

Atrás debe quedar el discurso repetitivo, dramático y tedioso de la guerra, las cuentas matemáticas realizando sumas y sumas de tragedias, multiplicando consecuencias y dividiendo hogares, restando sueños y asociando criminales para aumentar el daño. Entonces se presentan dos escenarios, el fascinante y emocional del presente, un estado para actuar y decidir con sensatez, mirando al pasado por supuesto, pero sin lágrimas, con memoria y respeto ante un escenario tan complejo de violaciones sistemáticas a los derechos humanos y de absoluto abuso del poder, de los grupos insurgentes y de una sociedad que aceptó la ignominia como parte de su quehacer diario, una sociedad decidida a dejar pasar la muerte y la desolación por su lado sin pudor ni angustia. Aceptar el presente es asumir con responsabilidad la tarea de decidir, de ahí la importancia de no equivocarnos o hacerlo en la menor medida posible.

Y el futuro, una ilusión impulsada por la suma de las individualidades, ojalá ambiciosas por la paz, una apuesta con acciones para lograr la integración de los territorios, la cohesión social y la inclusión. Qué escenario podemos vislumbrar si no es el de un país con progreso, moderno, que combata la desigualdad y las inequidades sociales, con presencia integral del estado, con un sistema económico que no solo permita el acceso a los bienes sino la prosperidad y la superación de la pobreza.        

Vivimos un gran momento, el de la paz en medio de nuestras vidas, somos la generación de la paz, los protagonistas de la construcción de un nuevo país.

Por:

Luis Gabriel Rodríguez de la Rosa

@lgrdelarosa

luis gabriel