Activismo en las redes sociales: luchemos en la pantalla y en el mundo real

Activismo en las redes sociales: luchemos en la pantalla y en el mundo real

Activismo en las redes sociales

Ilustración: Óscar Lozano

Por Roberto García

Estamos en la época de los activistas, todos, absolutamente todos, apoyan una (o mil) causas por las que luchan constantemente a través de sus redes sociales. Diariamente veo cómo todos expresan su inconformidad respecto a X o a Y, desde la incompetencia de nuestros gobernantes, hasta el mal servicio de un restaurante; pero lamentablemente nuestro deseo de expresar nuestra inconformidad no llega más allá de que Mark Zuckerberg decida finalmente incorporar el botón de “No me gusta” en su plataforma.

No se trata de protestar por absolutamente todo, pero sí de tratar de superar el conformismo político que reina en nuestro país para que la clase dirigente y los empresarios corruptos entiendan que no pueden pasar por sobre los intereses
del pueblo para enriquecerse o conseguir otros beneficios; pero si no expresamos nuestra inconformidad de forma contundente, la situación sencillamente seguirá indemne.

En una democracia, que pretende un gobierno de, para y por el pueblo, no es posible que la única forma de expresión política a la que acudamos sea la quejadera en las redes sociales o las discusiones acaloradas en las noches de tragos. Sin una voluntad política firme, que nos permita arrepentirnos de nuestras decisiones políticas y destituir dirigentes, o presionar para que medidas absurdas, represivas o corruptas no se impongan, lo más probable es que se siga pensando que aquí sólo se necesita un cargo alto para poder hacer lo que a cada quien le da la gana y que los dineros del estado son la caja menor de cualquiera que tenga acceso a la llave.

La culpa es nuestra, nuestra pasividad permitió que los gobiernos corruptos se llevaran nuestros impuestos, dejaran obras sin terminar y repartieran los recursos a las empresas que ofrecían mayores sobornos; todos sabíamos que algo estaba mal, pero en vez de salir y exigir que nos devolvieran lo nuestro, nos quedamos en la casa quejándonos de que nos vieran la cara de pendejos.

Es cierto que limitar la participación social y política a la protesta de las redes sociales es el camino más fácil, pero más allá de conseguir que nos regalen un bono de McDonald´s porque el domicilio llegó tarde, el impacto que pueden tener nuestras demandas es poco más que nulo. Necesitamos conseguir una madurez política que nos empodere de nuestras decisiones, que llene las calles de personas golpeando cacerolas, cantando demandas o exigiendo dimisiones,
eso sí, siempre pacíficamente, porque se corre el riesgo de perder el rumbo y terminar tirando papas bombas contra la policía, y perder el carácter político de la demanda, sólo para que el episodio sea otra pataleta izquierdista, como sucede en la mayoría de universidades públicas.

La invitación es a que no nos dejemos más, sea por que se robaron millones en algún contrato o porque el otro niño millonario puede salir impune tras asesinar a toda una familia. Sea cual sea la razón lo importante es que dejemos claro que no nos gusta, que algo está mal y que tienen que solucionarlo. Si al final volvemos a la casa y todo sigue como antes, al menos tendremos la satisfacción de saber que por lo menos lo intentamos.

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