Ahora los queremos más grandes

Ahora los queremos más grandes

Sí, más grandes.

Aun recuerdo con gracia las expectativas del común de hace unos años: la tecnología, entre más imperceptible y camuflada entre lo cotidiano, se entendía como más moderna. Es así como algunos pensaban que los teléfonos móviles terminarían incorporados en nuestra oreja y para nuestro nacimiento nuestros padres elegirían no solo el sexo del bebé, sino también el operador; ya dependía de los padres ser un bebé Tigo o uno Movistar.

Para los más escépticos, los teléfonos terminarían siendo del grosor de una tarjeta de crédito, o los habría estilo lapicero y de marcación tipo clave morse. Ya me puedo imaginar a más de uno regateando un kilométrico Nokia en Sanandresito.

Sin embargo, -y para tristeza de los que querían aprender braille o clave morse- la curva del desarrollo en materia de telefonía móvil sufrió una metamorfosis inesperada. Esto, gracias a una pequeña característica con la que nadie contaba: las aplicaciones que hoy en día incorporan los teléfonos móviles.

La jugada de la gente de Cupertino (los de Apple para los no geeks) fue clave para desmonopolizar la forma de pensarse la versatilidad de un teléfono. De un tiempo para acá cualquiera con conocimientos básicos de informática y un poco de emprendimiento paisa, podía crear una aplicación y compartirla o venderla en la tienda de aplicaciones.

Hoy en día existen hay de todo para todos los gustos. Desde algunas que funcionan como controles remotos para nuestro televisor, hasta juegos que hacen de nuestro celular un Play Station portable. Eso sin hablar de Viber, Instagram y las redes sociales a las cuales podemos acceder en cualquier momento (y no he mencionado a los que, haciéndole Jailbreak a sus iPhone pueden tener literalmente un computador en sus manos). Ya los mensajes de texto y el jueguito de víbora no son suficientes.

Este fenómeno catapultó la nueva forma de pensarse los celulares. Vimos el nacimiento de los “Smartphone” y con ellos un incremento en el tamaño de los mismos. Los teléfonos pasaron de ser una herramienta de comunicación para convertirse en una prótesis electrónica de nuestro cuerpo; una llave maestra que nos conectaba con el mundo y para eso necesitábamos un poco más de espacio, una segunda cámara, más batería y un poco más de pantalla.

Hoy corroboramos esto con el nuevo iPhone 5, donde mas que su nuevo procesador A6, su enorme memoria RAM y sus demás cachivaches ahora cuenta con un incremento en su pantalla, algo para lo que la manzanita siempre había sido bastante reticente. Y es que hoy en día el tamaño importa más que nunca y si no, pregúnteselo a algunos sujetos que, embriagados de testosterona, sacan con ínfulas de Porfirio Rubirosa un LCD Samsung de 32 pulgadas que llaman Galaxy Note.

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