Apolinar: una estilla en el ojo

Apolinar: una estilla en el ojo

En un día normal, cualquiera podría preguntarse por qué Cali es llamada “La sucursal del cielo”, justo mientras el bus —que intenta transportarlo en medio del ruido insoportable, el calor y el trancón— da un brinco porque acaba de meterse en uno de los huecos que por estos días abundan en las calles de la ciudad. La pregunta podría repetirse cuando, al cambiar el semáforo a rojo, dos niños de no más de seis años —andrajosos y a simple vista desnutridos— comenzaran a hacer malabares y a bailar sobre el pavimento ardiente.

Claramente, Cali dejó de merecer su sobrenombre tradicional hace tiempo. La pobreza, la basura, la violencia y la corrupción se comieron la imagen de ciudad cívica y acogedora que seguro tenían en mente los que hoy recuerdan nostálgicos “cuando la gente hacía fila para subirse al bus”. Hace poco escuché a alguien decir que lo peor que pudo pasarle a Cali fue la democracia, y no pude hacer otra cosa que asentir con la cabeza. Es verdad, los que podían votar descacharon, eligieron mal a quienes tenían que gobernarnos. Y el descache más estrepitoso de todos se llama Apolinar Salcedo, alcalde cuya destitución fue ordenada por la Procuraduría debido a irregularidades en la licitación y la celebración del contrato con la empresa Unión Temporal Sí Cali, encargada del recaudo de los impuestos de la ciudad.

Hace poco, la revista Semana publicó un artículo donde hablaba del desastre que es Cali actualmente, y de la crisis de liderazgo que “no es de ahora, es una constante y el legado de los últimos tres alcaldes: Mauricio Guzmán, Ricardo Cobo y John Maro Rodríguez. Lo que pasa es que durante la administración de Apolinar Salcedo, todos los problemas se han agudizado…” . Salcedo no es un descache porque sea ciego, ni porque sea negro, ni porque haya sido pobre, características que resaltan tanto sus detractores más superficiales, como sus defensores más populistas. Su elección fue una embarrada gigante no sólo porque no supo gobernar y dejó la sensación de entera dependencia de sus asesores o de sus “clientes”, sino que además podría ser responsable del supuesto desvío de $16.000 millones que, de no haber sido robados, habrían subsidiado la educación de muchos niños pobres de la ciudad.

En contra de los deseos de bastantes ciudadanos, que esperaban que Apolinar Salcedo saliera de su cargo por la puerta de atrás lo más pronto posible, el personaje siguió gobernando, pues apeló el fallo de la Procuraduría y ésta dejó vencer el plazo que tenía para tomar una decisión al respecto. Sólo hasta comienzos de mayo de este año se hizo efectiva la sanción, cuando ya nos estábamos preguntando si Salcedo iba a terminar su período impunemente. Para consuelo de muchos, logramos ahorrarnos casi ocho meses de su pésimo gobierno.

Lo peor del asunto, es que los caleños no aprenden: una encuesta reciente indica que más del cuarenta por ciento de los ciudadanos no piensan votar en las próximas elecciones de Alcalde y Concejo Municipal. Así las cosas, lo más probable es que el próximo gobernante de la ciudad sea otro descache, producto de múltiples votos comprados por los mismos de siempre: los que saben que la gente prefiere ver televisión o irse a la finca en lugar de elegir su gobierno.

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