Apuntar a las estrellas para llegar al cielo

Apuntar a las estrellas para llegar al cielo

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Es Ingeniero de Sistemas, fundador y Director Ejecutivo de actualicese.com, una red profesional con más de 320.000 suscriptores. Ha sido emprendedor asociado de Parquesoft, docente y también es conferencista de temas de tecnología y su interacción con el ser humano.

Levantarse todos los días a trabajar es suficientemente duro como para que, además, lo hagamos sin un propósito más alto que sobrevivir o ganar dinero. Iniciar un negocio, perseverar en una idea, vivir los momentos duros y celebrar los triunfos con la certeza de que a la mañana siguiente debemos levantarnos con la resaca de la felicidad pero con la consciencia de que se inicia un nuevo día con la cuenta otra vez en cero: emprender, fracasar, sobreponerse, aprender, repetir… y para los días de bonanza emprender, triunfar, dejar de levitar, aprender, repetir. La misión y el propósito no necesariamente son corporativos: deben hacer parte integral de nuestra práctica personal si no queremos aburrirnos y mandar todo para la porra.

A los empresarios se nos critica muchas veces por no saber diferenciar la vida personal de la vida profesional. Las horas de sueño se nos trocan, dejamos a un lado algunas cosas también importantes, como el deporte y los amigos, y en casos extremos — pero no por ello poco comunes— nos aislamos en el quehacer de nuestras nacientes empresas. Todo eso es terrible, lo sé, y no voy a excusarlo; lo que podemos hacer es usarlo a nuestro favor: si
tan fundidos estamos en nuestra visión empresarial, ¿por qué no le insertamos al negocio un poquito del sentido del propósito que ahora tiene nuestra vida?

Los negocios con sentido del propósito son los que perduran: la misión de Google es darle orden a la información del mundo; la de Facebook es dar poder a la gente para hacer un mundo más abierto y conectado; Microsoft quiere que todos los seres humanos alcancen su potencial; Wal Mart dice ayudar a la gente a ahorrar dinero para que puedan vivir mejor; Toyota quiere construir una sociedad más próspera a través de la industria automovilística; Monsanto, la multinacional de los alimentos, pretende combatir el hambre rural. ¿Ya notó el patrón? Los ejemplos anteriores son de compañías cuyo objetivo no se centra únicamente en “ser los mejores del mercado” o “crear valor financiero para nuestros accionistas”: estas megacorporaciones quieren cambiar el mundo (que lo hagan o no es harina de otro costal). De hecho, si hace la tarea y revisa las misiones corporativas de las 100 empresas más grandes del mundo (según Forbes), encontrará que muchas aplican ese principio: apuntar a las estrellas para llegar al cielo.

Ese sentido del propósito es fundamental, no solamente para que la empresa sobreviva a toda la andanada de circunstancias con las que viene el día a día y que nos hacen replantear planes de negocio con la velocidad que cambiamos de camisa, sino para darnos más alientos al despertar. Cuando sabemos que nos levantamos a trabajar no solamente por un beneficio personal, sea económico o de realización profesional, sino por una misión más alta, más ambiciosa que nosotros mismos, el sentido del propósito que trae ese nuevo convencimiento es insuperable. El famoso director creativo de Google, Roberto Wong, dice que se guía bajo los principios de las 4 p’s: propósito, gente (people), productos y procesos. En ese orden, recalca Wong: “sin propósito no habrá bases que fundamenten ninguna empresa, ni habrá razones que persistan al influjo de tiempo y las adversidades que nos hagan levantar felices cada mañana a trabajar y soñar”.

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