Atrapando Alicángaras

Atrapando Alicángaras

Ilustración: Mateo Aguirre "El Guareo"

Para atrapar alicángaras no se necesitan trampas complicadas. Basta con regar ají molido en el piso, que quede color tierra para que no lo puedan ver. Cuando se paran encima del polvo picante les arden las patas. Les toca salir corriendo a buscar agua y arman tal escándalo que es fácil seguirlas hasta la orilla de un lago o de un río. Ahí quedan al descubierto, bañándose el desespero. No pueden meterse muy hondo porque se ahogan, entonces quedan a merced de uno.

También se encuentran entre las matas de cannabis. Les fascina. Se la comen con gusto. Es como ver osos pandas comiendo bambú. Después de comer quedan atontadas y se dejan agarrar. Al cogerlas se desmadejan; descuelgan las patas y se mueven lento, como los perezosos.

Otra forma para coger alicángaras es dejarles un espejo por ahí. Uno en el que se puedan ver de cuerpo completo. No es sino que vean un espejo y quedan embelesadas con su otro yo; hacen muecas; se estiran los labios hacia los lados, sacan la lengua, muestran los dientes, sacan y bajan panza. Cuando están jugando al espejismo uno les llega por un lado o desde un ángulo en diagonal y las agarra. No se les puede llegar por detrás porque lo ven a uno en el reflejo.

Una vez atrapadas se llevan a circos y a zoológicos. Tienen habilidad para hacer piruetas, mejor que perros, loros o micos. Esos animalitos aprenden rápido. Son equilibristas magníficas. Caminan y se balancean por una cuerda de un lugar a otro; sostienen pelotas gigantes en la trompa o se suben encima de las mismas y arrancan a rodar cual ratón hámster.

Ni hablar de cuando montan en bicicleta; cangurean en llantas traseras y delanteras; andan sin manos; cogen impulso y se paran de cabeza en el sillín.

En algunos circos les enseñan a darle besos a voluntarios del público. Eso sí, cuando son voluntarias bonitas no se puede garantizar que las alicángaras macho no echen mano en lugares prohibidos.

Hay que verlas jugando voleyball. Mantienen la pelota en el aire por más tiempo que los humanos. Juegan con cabeza, patas y manos. También es divertido verlas jugar 21 con un balón. Fútbol si no pueden jugar porque terminan en agarrones.

Puede ser fácil atrapar alicángaras y enseñarles mil actividades pero es difícil tenerlas en cautiverio durante más de un año. Les da por molestar por todo, hacen daños, tratan de golpear y morder. Así mismo empiezan a perder habilidad para las piruetas y dejan de comer, sino es que pelean mucho entre ellas. Casi siempre toca devolverlas al monte cuando se van haciendo mayores. Por suerte se acoplan nuevamente a su vida salvaje cuando se sueltan.

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