Aunque me duela te digo adiós 

Me acordé de mi mejor polvo. Ahí está mi gorda en pelota fumando en mi cama, como un sueño vívido. Quiero pensar que no es el alcohol, que la recuerdo porque es un momento especial. La cita de esta noche es un adiós con uno de mis grandes amores. A la gorda la vi fumar después de aquello y en otras muchas ocasiones, por eso en la despedida me aguarda el recuerdo.

Es un amor que me ha dejado tan marcado que ya ni recuerdo como solía ser. No exagero, si un mimo corre con el riesgo de olvidar su voz, un fumador corre el riesgo de olvidarse quien era. La sombra que regala una dosis de alegría en los momentos de melancolía consume a cambio la mitad de la vida. Como si no le bastara al organismo del mono pensante tener que preguntarse quién es, tiene también que padecer la fatalidad de sus placeres.

Pero ¿vale la pena sufrir por eso? No somos mucho sino nos aferramos a nada. No somos una digna historia de contar sin nuestros demonios, sin vicios. Seríamos incluso viles y malagradecidos si llegamos al fin con el cuerpo entero ¿para qué tanto milindre? ¡para nada carajo! ¿vale la pena gozar de salud en el trecho al destino final? Pues no.

Admito que a veces me cuesta aceptar que he vivido con la muerte detrás de los mejores años de mi vida, los he desperdiciado y eso desmantela todo el nihilismo anterior. La decisión anunciada es un acto de fe, para darme un respiro. Tampoco tiene mucho sentido vivir una vida consumiéndola a cada minuto sin recompensa alguna. De ahora en adelante voy a necesitar menos para ser más feliz, me durarán más las lociones y conseguiré a alguien.

Chao viejo amigo. Ya estuve mucho tiempo engañado, ya me puse las piedras en los zapatos por el placer de quitármelos, ya no quiero ser más un neurótico nervioso y oloroso para gozar de un cuarto de hora. Y no te voy a extrañar más de quince días, no voy a anhelar que estés presente siempre en los momentos de jolgorio. Voy a recuperar mi dentadura y cambiaré de color de piel, se me purificarán las branquias y estaré siempre feliz. Emocionalmente inteligente, tolerante.

Voy a prender uno porque me siento tenso, pero mañana si lo dejo ¡me siento decidido! Mi psicólogo me dijo que no se trataba de las cosas, sino de cómo se tomaran. Esta vez no voy a echar el brazo a torcer y le ganaré tiempo a la vida ¿será que este chispazo de emoción es por la nicotina? Si lo apago me voy a sentir muy solo, voy a volver a pensar en la gorda y volveré a echarle a la suerte una erección.

Te voy a extrañar, lo admito. Ojalá hasta pronto, viejo amigo. Me regalaste mi momento, pero es hora de medirme el aceite, de fortalecer la voluntad. De darle paso a alguien nuevo y romper el círculo absurdo de la angustia para poder comerme otra vez a mi gorda con ganas, reparar la autoestima. Pero antes, el último.

Por: Víctor Gil

Ilustración por: Daniel Alcázar Otero

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